Patrones chungos, ciudad enferma
¿Qué pasaría si un Batman, en sus primeros años, exento de toda esa tecnología de la que ahora hace gala, se lanzara de cabeza a una Gotham sucia, opresiva y delirante sacada directamente de la mente de Andrew Kevin Walker y que David Fincher convirtió en una obra maestra como Seven? ¿Qué sucedería si la propia ciudad respirara, totalmente asfixiada, y sobreviviera a duras penas, considerando a su supuesto salvador, su quimioterapia desesperada, como a un cáncer al que hay que extirpar y que a su vez se alimentara de sus propios ciudadanos? ¿Sería posible repararla, operarla de sus tumores cual cirujano, cuando ya sobrevivir se hace una tarea difícil?
Las historias que conforman esta aterradora creación de Watters tienen tantas referencias dando saltos en mi cabeza que ha sido un placer interrumpirme continuamente para recrearme en esos recuerdos. No de clichés, ojo. Desde la introspección continua e intensa de ese Frank Miller ochentero donde todo era caos, mentiras y apocalipsis (intensito como pocos) con su Batman, más marcial y paranoico, hasta esa Gotham sucia, enferma y hasta desligada de la realidad en su literalidad que convirtió en mítica la etapa de Norm Breyfogle, y aun así va un paso más por el alto contenido psicológico y emocional que ejercen las calles en un Batman perdido en ellas y casi en sí mismo.

“Si puedo tratar Gotham como un cuerpo… prestar atención a sus patrones de heridas y cicatrices… quizá pueda”
No están ni Morgan Freeman, ni Brad Pitt, pero tanto el Caballero Oscuro como Jim Gordon forman esa pareja que, sin apenas cruzarse ni elaborar diálogos excesivos, colaboran codo con codo contra la ciudad. Una ciudad –gracias a la mente maestra de Watters– que conformará una cantidad ingente y rebosante de mitología fantástica, de elementos sobrenaturales que aparecen y desaparecen a un nivel en que os costará diferenciar quién manipula a quién. Si es el murciélago quien sufre de alucinaciones y nos lo transmite a nosotros como lectores, o simplemente formamos parte de una paranoia colectiva. Una balanza complicada que funciona muy bien gracias al equilibrio y peso del mencionado factor psicológico dependiendo del arco en cuestión.
¿Es esto era real? ¿Lo que acabo de ver sí lo era? ¿Entonces no? La historia estará llena de Tyler Durdens que os harán dudar de lo que leéis mientras solo lo sórdido, desagradable y hasta estrafalario permanecerá impertérrito en cada una de sus historias. Y buena parte de la culpa la tienen unos primeros planos y unas perspectivas de vértigo de Hayden Sherman. Una organización de viñetas muy alejada de lo estandarizado donde tanto Batman como la propia metrópoli saldrán relucientes en su propia oscuridad y suciedad. Viñetas enormes que huyen de cliffhangers de manual al final de cada número y que acabarán estampados en nuestra cara en cualquier momento de la lectura. No podréis huir de ese paquete urgente, dudando horrorizados de si queréis abrirlo o no, mientras un esposado Kevin Spacey os mira y sonríe.

atrones Oscuros viene a reafirmar la buena forma de la actual DC con respecto a la excelente elección de historias paralelas a las inmutables, y a veces poco originales, series regulares de sus personajes, y a la sabia decisión de sus guionistas de saber alejarlos del entorno habitual sin necesidad de meterlos en nada absolutamente opuesto, sea un Batman como una maldita demoledora con martillo en su serie Absolute, brille y reluzca con Jorge Jiménez a los lápices o se empape de clásicos básicos en Batman y Robin: Año Uno con Chris Samnee. Se vienen buenos años para nuestro goce y disfrute.
Ficha técnica
| Título original | Batman: Dark Patterns |
| Autores | Dan Watters, Hayden Sherman, Triona Farrell |
| Editorial | Panini Comics |
| Fecha de publicación | Agosto 2025 |
