Patrulla-X de Chuck Austen

Señor agente, me han violado el alma

Decir que esta etapa perpetrada por Chuck Austen es mala me resulta incorrecto o, mejor dicho, insuficiente a todos los niveles. Conseguir que un producto transcienda los anales de la historia y sea catalogada de obra maestra generación tras generación, está al alcance de muy pocos y cada vez de menos artistas, pero conseguir que un producto, involucres a quien involucres, esté jodido, muerto y casi enterrado desde el principio tiene el mismo o más mérito. Y que conste que hay ciertos puntos que, lejos de ser buenos, al menos se dejan leer y te recuerdan que la vida aún puede merecer la pena pero que están a años luz de despertar a este enfermo en coma profundo.

Este despropósito argumental dura la friolera de seis arcos en casi dos años y para más inri en una de las cabeceras de la Casa de las Ideas más icónicas junto a Los Cuatro Fantásticos, Spider-Man o Los Vengadores. ¿Qué Marvel elimina de la parrilla a los Storm y familia? Esto fue peor. ¿Qué piensas que tu querido héroe ahora es una mujer, negro o con antenitas? Primero háztelo mirar y sí, esto, definitivamente, fue peor. Pero no culpemos a Chuck, la culpa de todo la tiene el miserable que cual Heimdall distraído, dejó abierta, libre y accesible el puente de Bifröst de la editorial.

Las perlas no son pocas y comienzan con la creación, junto al dibujante Ron Garney, de la enfermera Anne Ghazikhanian, que para sorpresa de todos acaba siendo el eje central de amoríos y problemas sentimentales pseudo-adolescentes en mayor o menor medida a lo largo de toda la etapa. Una mezcla aburrida de Hospital Central –la cantidad de conversaciones y rifirrafes que se dan en la enfermería son abusivas– y Sensación de Vivir o Al Salir de Clase, demuestran la calidad argumental. Un Kaos comatoso al principio, una antigua novia, Polaris, que vuelve al redil y que, según Austen, ser la hija de Magneto le justifica para ponerla como una “loca del coño” –¡qué arte tienes, Chucky…!– y la enfermera en medio, darán lugar a unas situaciones tan absurdas que los teleculebrones turcos de Telecinco, en comparación, podrían optar al Oscar. El guionista va de un extremo al otro y la desproporción es tal que nada parece verosímil. Lo del traje de Magneto hecho con la cubertería en plena boda es oro puro.

Los potenciales temas a explotar, y que podrían haber acabado en algo interesante, tales como los poderes de Carter, hijo de Annie, el atisbo de bullying sobre Sammy Pare o incluso el tema político USA-Canadá donde Alpha Flight solo aparece para repartir hostias como panes, acaban muriendo agónicamente. Solo la evolución emocional del Juggernaut y su relación con el chico pez, llega a ser un soplo de aire fresco que, desgraciadamente, acaba contaminado por el tufo general. Pero no todo acaba aquí, si lo de Polaris escamaba sobremanera, el trato vejatorio hacia personajes femeninos es de juzgado de guardia tratando a Stacy-X de guarra para arriba, metiendo conversaciones como si de perras en celo se tratase o colocando en la escuela a estudiantes facilonas de escotes pronunciados para satisfacer las necesidades hormonales del público masculino –dale hielo duro, Bobby ‘machoman’ Drake– mientras que trata la homosexualidad de Estrella del Norte como algo contagioso o pone en su boca frases como “un plato cajún picante, con una buena ración de chorizo” en referencia a Gambito. Vergüenza ajena en todo su esplendor que no cesa en ningún momento. Lo mismo surge de su iluminada mente a un Rondador Nocturno como protagonista, tratando el tema del fanatismo religioso y el gen mutante de la peor forma posible como acaba –redoble de tambores, por favor– con un copia y pega de Romeo y Julieta edición paletos americanos con escena de sexo bochornosa y robots incluida.

El dibujo, en reglas generales, le hace un flaco favor a la bazofia de Austen y, sinceramente, pocos artistas habrían conseguido algo positivo aunque diré a su favor que es jodido disfrutar de una puesta de sol idílica si te están dando patadas en los huevos repetidas veces. Mi concentración sucumbió a tal mierda que ningún SOS a los lápices habría mejorado mi estado mental. Lo que tengo claro es que tanto Ron Garney, Sean Phillips como Salvador Larroca mantienen –o lo intentan– el tipo lo mejor posible y consiguen hacen fluir los despropósitos guiones y conversaciones nulas. Reflotar un buque de carga con una colchoneta es ardua tarea, sin duda.

Hablar ya de Kia Asamiya, que es para darle de comer aparte, daría para otro artículo, ¿no había disponible otro autor japonés? o mejor ¿tan lejos hubo que buscar con todos los que hay en Estados Unidos? El estilo claramente manga con caras acartonadas y narices más allá de los límites permitidos, pedían a gritos una ayuda desesperada que solo pude darle pasando las páginas lo más rápido posible. El resto de autores, sinceramente, no sé si cumplen, si se dejan llevar o si simplemente lo hacen mal a posta porque, como dije en el párrafo anterior, se me hacía muy cuesta arriba apreciarlo. Dejémoslo ahí.

Podría seguir enumerando las barbaridades nacidas de esa mente ‘extraordinaria’ pero paso de morir en el intento así que seré claro, este infeccioso ciclo llevado a cabo a base de lúcidos guiones que sólo podrían salir de la mente más monguer, plana y enferma, no debió haber existido y aunque haya mencionado ciertos tintes positivos, no me hagáis ni puto caso. Quedaros con la oscuridad que os arrastrará y hará que abracéis cualquier cómic de Rob Liefeld hasta quedaros plácidamente dormidos. O no.

PD: ¡Ah! Y todo esto viene a cuento de haber vuelto a otra etapa mutante desastrosa ‘gracias’ a la recomendación terrorífica de mi querido Álex y que tiene de protagonistas a su querido Warren Ellis y a un tal Nate Grey AKA X-Man.

Ficha técnica

Título originalUncanny X-Men #410-443
AutoresChuck Austen, Ron Garney, Kia Asamiya, Philip Tan, Hi-Fi et al
EditorialPanini Cómics
Fecha de publicaciónAgosto 2003

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