Dark Investment

¿A cuánto está el tipo de interés, miarma?

Es algo inevitable. Personalmente diría que casi imposible, pero, y pido perdón por ello, es tremendamente difícil no pensar en Marvel –la propia editorial usa a Deadpool para recomendar el cómic en su primera página–, DC y disparidades varias norteamericanas de mallas, poderes y circo cuando ves por primera vez la portada de Dark Investment. Posiblemente te venga a la mente la pseudo independiente –que no lo es– vertiente más abierta, mejor y de abundantes historias de Image al ver la segunda portada. Y pese a todas esas pistas esta idea tan jodidamente buena de Javier Ara es MUCHO MEJOR. Sí, con mayúsculas. ¿Y es eso posible cuando hablamos de la influyente fuerza de atracción de los superhéroes? ¿Se puede ser bueno y hasta original dentro de ese barrizal de reboots y continuidad disociada? Sí.

Una invocación demoníaca. La venta de un alma desesperada por poseer algo y sin miedo a perderlo todo. Una interrupción crucial y una dura batalla en diferentes planos. ¿Qué tiene de especial esta historia que podría salir perfectamente de las páginas del mismísimo John Constantine en Hellblazer? Que las argucias legales son, están y se utilizan como tal ¡BOOM! Y admito que me pilló por sorpresa –para bien, claro está– cuando los derroteros de misterio, oscuridad y sombras chungas que hemos cultivado en la cultura popular, aquí tenían ese giro… ¿Legal sería la palabra? Legal y juegue en todo momento con instigaciones, litigios y amenazas «en presencia de mi abogado» que diría aqu… OH ESPERA ¿Me acaba de denunciar ese demonio por no cumplir los anexos previamente firmados y que están registrados por la Legislación Comercial Arcana? Mierda.

Y, a ver, quiero dejar claro que esto lo digo como algo positivo. Como algo que además considero hasta bonito, que es un elogio viendo lo que lo disfruté en su día. Ara consigue darle ese tono que hizo destacar a la editorial Valiant en su resurgir en 2012 pese a que muchos les resultó un globo que se fue desinflando demasiado pronto –como ya sabéis acabó aunque la culpa fue, básicamente, de la avaricia de su mandamás–. Un tono de aventuras, de correcalles continuo y cierto desenfreno a lo Archer y Armstrong o de los pirados Quantum & Woody. Un humor facilito de explosiones a lo Michael Bay con matices –muchos matices en este caso– tocando el palo oscuro de organizaciones secretas.

Y dejando aparte el envoltorio de entretenimiento plagado de coñas –y unos diálogos alejados de los típicos norteamericanos mainstream en muchos momentos– la historia tiene un trasfondo más serio y una infraestructura legal con la suficiente solidez para ser creíble. Inversiones, especulación y magia. ¿Qué puede salir mal? Afortunadamente nada, y es que Ara se desata cual efervescente fan de la cultura popular introduciendo un sinfín de homenajes del cine y la literatura bajo su prisma y funcionalidad, pero fácilmente reconocibles a los ojos y que harán las delicias –conmigo lo ha conseguido– de todo el que se lance por ello. ¿Matrix, Doctor Who o Terminator? Todos tienen ahí una semillita que crece cuando se la necesita.

Y es muy virtuoso el logro de Javier Ara, no sólo de conseguir algo original con roles y planteamientos ya existentes, sino de consagrar al buen funcionamiento ese toque loco –y a veces absurdo– que ya mencioné antes de Valiant con una sensación más que sólida de veracidad. La historia transcurre de una forma en la que te crees lo que está pasando sin esa sensación torrentenesca a lo Santiago Segura donde todo es “parodia de” y difícilmente puedes apartar la sensación de chiste continuo. Aquí hay mucho humor pero estructurado de veracidad. De lore sólido y creíble. Y si aunar todo eso es difícil sin caer en la trampa de la repetición, el plagio o de esa frase tan manida del lector de cómic de «esto ya lo he leído antes», Ara se vuelve a superar gestando una continuación natural y más ambiciosa tras las consecuencias del Incidente Calcabrina. Más y mejor y con nuevos ingredientes que acaban por darle más sabor a los que ya paladeamos en el primer tomo

Y se las arregla para dar un giro bestial cual montaña rusa de Disneyland, para que acabemos metidos en una especie de bande dessinée histórica donde consigue “enseriar” la trama de esta historia de magia legal y burocrática convirtiendo el segundo tomo en el mejor de todos. Plagado de referencias históricas reales que no hacen más que reforzar esa solidez que podríamos creer difícil de impregnar en un cómic, donde unas cien páginas antes vimos una banda secreta de ninjas montados sobre un escarabajo en una persecución al más puro estilo de Los Autos Locos de Hanna-Barbera. Y todo con un dibujo claro –que va gustosamente de la mano del color– que aboga por la espectacularidad de onomatopeyas grandes y explosiones gratuitas.

Lo de este Dark Investment me ha pillado tan de sorpresa que me lo he gozado cual gorrino, por esa forma tan descarada de usar el planteamiento mainstream americano de diversión pura y dura con un trasfondo a ratos serio y, a ratos, tan sorprendente por esa misma seriedad de su lore que cuesta creer que en ella existan un tío apodado Mojabragas, un Mercedes Benz/Transformer llamado Merche y un infierno donde sólo falta Putin. Como diría Rubén Blades «la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida».

Ficha técnica

Título originalDark Investment
AutoresJavier Ara, Manuel J. Rodríguez
EditorialDrakul Editorial
Fecha de publicaciónJunio 2021

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