Carta Blanca

El final de una historia puede ser el comienzo

Bienvenido, querido lector, a esta historia que no te será para nada desconocida. Hasta cierto punto. Andas por la vida tan tranquilo cuando por accidente tu camino se cruza con una persona especial. Y entonces algo en tu interior salta y revoluciona absolutamente todo en tu mundo. Tu mirada no ves más allá de esa persona sintiendo una conexión inexplicable. Su olor, su tacto y hasta su voz te atrapa de tal forma que necesitas de todo ello tanto como de beber agua. El corazón bombea sangre al cerebro al ritmo de esa nueva melodía haciendo que hasta tu forma de pensar, de sentir y de actuar se vuelvan locos. Lo único que notas es que esa persona ha llegado a tu vida por algún poder divino que os destino a ambos para estar juntos, como si tu alma no fuera a estar nunca completa sin teneros el uno al otro. Enhorabuena, estás enamorado, y también lo siento, estás enamorado. No me mal intérpretes, soy un romántico empedernido, el tipo de persona que cuando se enamora lo da todo por la otra persona. No concibo el amor de ninguna otra forma que no sea así. Pero el tiempo y la experiencia me han dado la perspectiva de saber que cuando te acabas de enamorar, te vuelves un volcán en erupción descontrolado. Pasado este tiempo normalmente corto, viene el verdadero amor, ese en que dos personas luchan por hacerse la vida genial día a día, por ayudar al otro a ser mejor, por respetarse y cuidarse, lleno de complicidad, de saber que necesita el otro. En resumen haceros felices juntos. Sí, sé que no es tan llamativo como ese amor temprano, pero los fuegos artificiales hacen mucho ruido y yo prefiero que brillemos juntos. Ese amor de que os hablo está libre de máscaras, no se mueve por creencias, sino por certezas.

Solo quiero que os paréis a pensar lo que sería vivir una vida entera en ese estado de pasión descontrolada que se tiene al comienzo del amor con todo lo que ello conlleva: idealizar a esa persona, comportarte de formas que nunca lo harías, faltar incluso a principios que tienes, vivir por y para ese momento en que os volváis a cruzar, sentir que sin esa persona te falta algo… Todo ese lastre puede convertirse en algo muy tóxico. Eso es lo que el gran Jordi Lafebre nos narra en esta historia, de una forma muy humana, sin dar lecciones de amor, mostrando los errores y las cosas bellas de esta relación tan genial que tienen los personajes de Ana y Zeno. Este amor platónico les persigue a lo largo de los años, haciendo que sus caminos se crucen constantemente a lo largo de sus increíbles vidas, revolucionando en cada encuentro todo su mundo, para bien o para mal.

Para ello, el autor decidió de una forma acertadísima conducirnos por la historia desde el futuro hacia el pasado, con nuestros dos protagonistas encontrándose en su vejez caminando bajo la lluvia juntos con sus paraguas, como dos recién enamorados. Pero, poco a poco, nos irán introduciendo en su historia a lo largo de los años, hasta desembocar en el día en que se conocieron, de una forma tan mágica que te será imposible no empatizar con ese amor, con esa pasión y esa admiración que se procesan ambos. Lo que Jordi Lafebre consigue transmitir con sus lápices os dejará anonadados. La expresión en los ojos de cada uno de sus personajes, el ambiente de las calles de un precioso pueblo francés, la sensualidad de Ana, el carisma de Zeno o la ternura de Giuseppe, personaje que sin apenas aparecer me parece clave. Como si de animación se tratara, cada viñeta cobra vida, sonido y hasta olor. Este dibujante me parece un maestro, pero además, considero que esta es su obra maestra, no solo porque el nivel del dibujo es el mejor que le he visto, sino que además hace de autor completo, demostrando que tiene historias geniales que contar.

Creo que este cómic quiere contar algo más, por eso nos narra esta historia peculiar de amor, con su magia, pero también con sus defectos. Quiere hacernos ver que hay muchas formas de amar, y que no debemos juzgar a la ligera a las personas sin haber vivido sus historias. Ana y Zeno se encuentran en un momento de sus vidas por casualidad, enamorándose locamente uno de otro. Por accidente el destino les separa, y sus vidas siguen distintos caminos que no pueden convergen nada más que en momentos concretos, donde ese amor resurge con fuerza arrasando con todo. Su afecto hace que nunca se pidan el uno al otro renunciar a quienes son y lo que quieren llegar a ser, pero también les impide romper ese lazo invisible entre ellos que les atrae una y otra vez. Hay una frase que se suele escuchar mucho y creo que es muy adecuada para esta historia: “Si amas algo, déjalo volar, volverá a ti de nuevo”. A menudo, esta frase se confunde con que no hay que esforzarse o hay que renunciar a algo complicado, pero realmente quiere decir que no puedes obligar a alguien a que te ame exactamente cómo quieres, renunciando a ser quien es. Debes saber dejarle volar para que vuele hacia a ti o le cortaras sus alas, dejará de ser esa persona de la que te enamoraste.

Tras leer Carta Blanca, he podido empatizar con otra forma de amar, muy diferente a la mía, consiguiendo emocionarme al llegar a la última página pensando: ¡Que historia más bonita! El gran protagonista es el propio amor, loco y mágico, irracional y pasional, precioso y doloroso, pero al final es vital. Yo sufrí mucho daño cuando amé una vez, después de eso me encerré y deje de volar, no quería sufrir más y mi vida se atascó por mis miedos. Por suerte, el amor me encontró a mí en forma de una chica maravillosa que ahora mismo estará editando esto. Gracias a ella, mi vida se reactivó y no paró de vivir cosas geniales a su lado. Creedme, no veo el momento de que lleguen el resto. Así que no tengas miedo, ama y deja que te amen, con todo lo bueno y lo malo, estarás viviendo. Al fin y al cabo, tu vida es como una carta blanca, y tus vivencias serán las que acabaran plasmadas en ella.

Ficha técnica

Título originalMalgré Tout
AutoresJordi Lafebre, Clemence Sapin
EditorialNorma Editorial
Fecha de publicaciónAbril 2021

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