El Reinado del Diablo

Copia y pega que a lo mejor nadie se da cuenta

“Hola, me llamo Fer y consumo superhéroes”. Es así como se empieza en las terapias ¿no? Y es que a veces me siento muy sucio cuando, en un momento de debilidad, considero buena idea lanzarme de cabeza a la piscina mainstream prefabricada de viñetas –al final acuño el término porque cada vez le doy más uso– pero es superior a mí y, a veces cuesta renegar de unos personajes que una vez significaron algo y que, simplemente, me hicieron divertirme cual gorrino y que aunque ahora seguro que siguen divirtiendo a muchos otros, a mí, a este lector que cada año acumula páginas y páginas de esta droga, se quedan en un ejercicio de repetición obsoleto en la mayoría de las ocasiones.

Y es que sé de sobra que porque algo venda mucho o sea el “TOP X” de una editorial tampoco significa que me tenga que gustar o simplemente esté bien hecho o sea bueno. Que Maluma reuniera en un concierto en Rabat hace unos años a más de doscientas mil personas no certifica ni asegura que su música sea buena o que me tenga que gustar –precisamente justo lo contrario– y esa es la sensación que tengo cada vez más arraigada cuando, sonrisa inocente por delante, me siento animado a leer el evento tal o cual porque ¡eh, está recién salido del horno, tiene buena pinta y parece que puede molar! ¡Spoiler Alert! Rara vez sale bien en mi caso y aquí repetimos fórmula –Je, repetir fórmula ¿Te suena de algo, Marvel? –.

Y esto empezó cuando – sin destriparos absolutamente nada porque una cosa es que yo haya venido aquí a despotricar y otra es que os cuente con pelos y señales hasta la marca de calzoncillos que lleva Foggy Nelson en la viñeta 5 de la página 20 – mi parte inocente empezó a indagar en qué serie empezar en otra nueva estrategia comercial de Marvel de repartir, como Sugus en la puerta de un colegio, esos números 1 bien grandes de los que abusa últimamente y tras ver que sería Chip ‘Chococrispis’ Zdarsky el encargado de reformular, redirigir, ordenar, llámalo equis, al Diablo de Hell’s Kitchen, me pareció una idea cojonuda darle una oportunidad.

Esa idea cojonuda se convirtió en una etapa bastante decente donde Matt Murdock arrastraba lo habitual de etapas anteriores sin demasiado lastre, dándole a la persona y al superhéroe una trama de problemas, si bien básica y típica para nuestro católico favorito, que funcionaban pese a ser Wilson Fisk nuevamente la mente maestra tras sus calamidades. Y aunque el baile de dibujantes mermó considerablemente partes de la trama – gracias Jorge Fornés por ese número– me gustó lo leído cuando, cerrando el último arco, todo apuntaba a que las consecuencias y nuevos enfrentamientos serían una vistosa traca final en forma de evento propio con la participación de buena parte del elenco titular de la editorial. ¡Ains! Qué buena pinta tenía todo.

¿Os suena de algo Civil War o Pecado Original? ¿Sabéis por dónde van los tiros cuando digo la Ley Kamala? ¿Os extraña la diatriba moral de si el superhéroe está por encima de la ley o debería seguir estrictamente ese conjunto normativo legal de comportamiento social y moral como un ciudadano de a pie? ¿O quizá soy yo que me estoy volviendo un amargado y siempre acabo deambulando en el limbo de lo agridulce cuando hablamos de los eternos dilemas de capas y mallas? ¿Cómo de bien quedaría nuevamente el “Soy Peter Parker y soy Spider-Man”? ¿De verdad es necesario lanzar tantas preguntas al aire para decir alto y claro que esto es un pastiche sin originalidad que sin aburrir del todo es un mero trámite?

Y es que el problema de este Reinado del Diablo es que repite demasiadas técnicas y fórmulas leídas no hace mucho –en algunos casos casi literales– y sólo son los personajes los que cambian en un escenario ya saturado. Y sí, aparece Luke Cage, uno de mis personajes favoritos, que además su parte es lo único que me ha sorprendido junto a la decisión de su nuevo status, o que quizá tenga momentos de acción salvables donde destaca sobremanera el dibujazo de un Marco Checchetto en estado de gracia. Pero ni con esas salvo este potaje insípido. Me repito, y siento ser pesado, pero una cosa es ser consciente que no podemos esperar al Mesías en cada cómic y otra tragarme 25 grapas –si, amigos, me he leído hasta los tie-ins– y que me tomen por tonto repitiendo moralidades a granel.

Este mejunje puede funcionar como divertimento marvelita normalucho o lectura isotónica del montón porque tiene varias tramas dentro de la principal que evitan a duras penas el aburrimiento –evitarlo y menos es nada– pero juega peligrosamente con el hastío de la repetición y yo, personalmente no tengo ganas de seguir pasando por el aro. ¿Qué seguiré probando en las dos majors? Seguramente. ¿Qué habrá muchos que sí disfruten de este evento, de sus peleas y sus idas y venidas de héroes y villanos? Pues también pero nadie dijo que yo tuviera que tener razón y dicho esto, como diría mi jazzman Marc “Me voy a plantar un huertecito en plaza Cataluña”.

PD: ¡Luke Cage for mayor!

Ficha técnica

Título originalDevil’s Reign
AutoresChip Zdarsky, Marco Checchetto, Marcio Menyz
EditorialPanini Cómics
Fecha de publicaciónAbril 2022-Julio 2022

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