Wonder Woman: La verdadera Amazona

Para encontrar la luz, primero hay que caminar por las sombras

Cuando llevas muchos años leyendo tebeos superheroicos, agradeces que aparezcan obras autoconclusivas más preocupadas por la calidad del producto que por la continuidad del universo. El recurso más común de los autores es apostar por narrar los orígenes del personaje. Esto siempre me ha parecido muy pretencioso, ya que aquellos que crearon dichos superhéroes ya les otorgaron su nacimiento y querer cambiarlo parece desconsiderado. Sin embargo, hay novelas gráficas, como Wonder Woman: La verdadera Amazona, que no buscan reescribir la historia de la protagonista sino analizar lo que simboliza dicho icono del cómic americano.

Durante la lectura de esta obra, sufrí el “efecto de Godzilla de Gareth Edwards”. Os explico que significa esto para mí. Cuando dicha película se estrenó en cine, llegué a la sala invadida por el hype debido al trailer y a los espectaculares posters que precedieron al film. Durante las dos primeras horas, me senté en una butaca deseando ver al rey de los monstruos en acción, pero cada vez que salía, ocurría algo que me impedía contemplar a mi tan amado Kaiju, como que los personajes se metían en el metro. Este sentimiento de gatillazo se repitió a lo largo de la cinta hasta llegar a la parte en la que ya me desquicié del todo. Un niño, el cual cobraba por su trabajo como actor, estaba viendo en la televisión una batalla épica entre monstruos gigantescos, mientras que, a mí, que llevaba un año esperando contemplar dicha lucha y había pagado por ello, sólo se me permitió ver la cara del niño en vez de lo que yo tanto ansiaba disfrutar.

Este trauma que he compartido con vosotros, tiene un motivo. En las viñetas de Wonder Woman: La verdadera Amazona, Jill Thompson comienza contando quiénes son las amazonas y cómo acabaron en Themyscira. Te nombra una gran batalla entre estas guerreras y los hombres, pero cuando va a empezar, al pasar la página, no te encuentras dicha lucha. Esto ocurre en más ocasiones, ya que te habla de las grandes gestas de Diana, pero no te las muestra. Esta sensación negativa no es algo de lo que culpar a la obra sino a mis expectativas. Tenía el deseo de leer un 300 con amazonas y esta era una gran oportunidad porque el dibujo en acuarelas del Jill Thompson es mágico y hubiese conferido la energía necesaria a dichas escenas. A pesar de todo esto, mis traumas no evitaron que disfrutase del cómic. Al leerla fui dándome cuenta de que no era una historia donde la acción tuviese que tener importancia, sino un camino de definición del carácter del personaje.

La princesa amazona, Diana, mantiene su peculiar forma de nacer en este relato, siendo modelada a base de arcilla y lágrimas. Crece siendo la única niña en una isla de guerreras, lo que puede llevarla a ser una niña ejemplar, que es la versión más común, o una cría malcriada, como se muestra en este tebeo. De esta forma, Jill Thompson nos presenta a nuestra heroína como una joven presuntuosa, presumida y egocéntrica debido a todas las atenciones recibidas. A pesar de su poder, de su rango, intenta obtener la admiración de las demás, frustrándose cuando no lo consigue. El haber sido el centro de atención incrementa esta necesidad, pero también el saberse diferente. Se nos muestra un claro ejemplo de ansiar ser aceptada en un grupo del que se siente distinta, ya que ella está hecha de arcilla. Si la admiran, si la aceptan todas, tal vez así se demuestre a sí misma que se merece estar ahí.

A través de este camino lleno de equivocaciones, la protagonista y el lector llegan a la conclusión de cuál es el viaje correcto a realizar para llegar a ser una verdadera amazona. La autora nos muestra cómo no hacer las cosas, porque equivocarse es una forma de aprender que se te graba a fuego. Por lo tanto, a lo largo de las páginas vas abriendo los ojos junto a Diana, descubriendo sus errores e intentando vislumbrar en quién debe convertirse. Lo cierto es que en esta historia la protagonista genera mucho rechazo. No es la heroína a la que estamos acostumbrados. Aun así, creo que este concepto de recorrer el camino de las sombras para descubrir la luz, le da un toque de originalidad y realidad al personaje.

Por último, debemos analizar la pregunta que salpica todo el cómic: ¿qué es ser una verdadera amazona? Tenemos ese concepto de mujeres guerreras e imbatibles, pero precisamente, el centrarse en este concepto es lo que hace fracasar a Diana. Ser una amazona, ser una heroína, no es algo físico, es algo espiritual. Es una fuerza no tangible que burbujea en el interior y nos muestra cómo ser compasivos, generosos y desinteresados, sin dejar de ser feroces y luchar por aquello que creemos que es lo correcto.

Ficha técnica

Título originalWonder Woman: The True Amazon
AutoresJill Thompson
EditorialECC Ediciones
Fecha de publicaciónMarzo 2017

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