Mighty Morphin Power Rangers

¡A metamorfopajearse!

Somos esclavos de la nostalgia así que, ¿para qué escondernos? ¿Por qué reprimir esa viciosa satisfacción de abrazar lo que una vez fuimos y que nunca hemos dejado de ser? Admitamos que disfrutamos más que Ash Williams llenando todo de sangre y vísceras, el poder mirar con ojos de adulto lo que una vez nos alimentó esa infantil curiosidad por devorar miles de historias e infinidad de fantasías con las que soñar. Ya no me escondo y pese al recelo inicial cuando los remakes, reboots y demás empezaron a inundar todo el mercado del ocio de forma alarmante, pensé que mejor cerrar los ojos y hacerme un “be water, my friend” para convertir en mi mantra el “Soy uno con la nostalgia, la nostalgia está conmigo”.

Como ya pasó con las Tortugas Ninja en 2011 de la mano de IDW, cinco años después a alguien se le encendió de forma brillante la bombilla en BOOM! Studios y sumó dos más dos y así nació el reinicio de estos famosos sentais norteamericanos: los Power Rangers. No podemos negar que ese filamento ingenioso sigue funcionando tan bien como el primer día. Arrancó con una serie regular que arrasó en ventas y asentó las bases, y luego fueron llegando números especiales, miniseries y una continuación por todo lo alto, no en una sino en dos series más que, si le sumamos los crossovers con las mismísimas Tortugas Ninja o la actual con el kaiju más famoso y simbólico de Japón, Godzilla, tenemos el renacimiento de una franquicia que realmente nunca dejó de funcionar.

Y es que la visión de Kyle Higgins –el equivalente a Tom Waltz en las Tortugas Ninja– es reorganizar absolutamente todo desde cero. Poniendo aquí, quitando allá y acertando que da gusto, en todo un ejercicio malabarístico cual Grayson Volador sin red. Me explico: No me refiero sólo a que haya decidido desarrollar este nuevo universo desde los personajes originales –un acierto, me reitero, enorme– o que con las primeras viñetas los identifiques a todos uno por uno, mientras que te los sitúa para que desde ahí el lector imponga el ritmo, ya sea un conocedor de la serie televisiva o un completo neófito. No importa, esa es claramente la idea y no lo intenta ocultar con ninguna sobredosis de dramatismo zacksnyderístico.

Todo un lavado de cara acorde y actual en todos los aspectos pero siempre respetando la base original. Homenaje útil y provechoso que, lógicamente, nos empuja descaradamente a nuestros años mozos donde, muñecos en mano, esperábamos delante de la tele verlos dar volteretas a diestro y siniestro que ni una estudiada coreografía de los BTS. Posee una gran cantidad de elementos procedimentales, sí, pero no hacen desentonar ni lo más mínimo y los cambios lo convierten en un producto con más fondo pero que sigue divirtiendo cuando tiene que hacerlo. Ni inventa ni eliminada nada, simplemente se recicla con criterio. Incluso un recurso tan utilizado en la serie como el humor absurdo de los personajes de Bulk y Skull y que podría no encajar con el nuevo planteamiento, aquí está más contenido huyendo de ese humor desternillante y absurdo de la serie de televisión.

Aquí podemos irnos olvidando de batallas coreografiadas vacías y de volteretas con extra de chispas, mientras que los trajes de licra nunca se rasgan. Lo retro sólo es estético y es en la indudable libertad que da el medio donde más sale a relucir esa conseguida complejidad hacia algo más serio. Combates espectaculares donde participan los mismos de siempre, pero con roles más interesantes y que es en las dinámicas de grupo como adolescentes con problemas donde los coloridos héroes ganan fuerza. La nostalgia puede respirar tranquila en esta nueva etapa ya que, tanto lo nuevo como lo viejo se cohesionan correctamente –insertar aquí suspirito aliviado de cuarentón–.

La actual situación del nuevo integrante, Tommy, será una pesada losa tanto para él mismo como para el grupo y ahí es donde se va tejiendo la red de sentimientos, dudas y desconfianzas dando lugar a enfrentamientos personales. Cada personaje tiene una forma de ser real y cercana, y siempre con la dosis justa para evitar excesivos melodramas o clichés clásicos a lo Archie y compañía, y todo ello se va retroalimentando. Así que puedo afirmar sin equivocarme que el guionista de Lockport lo consigue sin convertirlo en un dramón adolescente. Todo con el ir y venir diferentes enemigos clásicos que sirve de obligado motor y como motivación para todos ellos.

Este primer volumen de nuestros Rangers favoritos sienta una base idónea para darle al público una nueva visión, otra cara de una franquicia claramente juvenil y de guión fácil hasta la fecha y que es una forma excepcional de desarrollar ese concepto oscuro y serio que se sembró en 2017 con la película dirigida por Dean Israelite de los protectores de Angel  Grove–de la que me declaro fan– y que no me cabe la menor duda que está en esa cómoda posición para hacer disfrutar tanto a los nostálgicos de bocatas de Nocilla frente a la tele como a cualquier nuevo lector ávido de acción, colorinchis y robots gigantes.

Esta reseña, modificada y actualizada, formó parte originalmente de Zona Zhero.

Ficha técnica

Título originalMighty Morphin Power Rangers
AutoresKyle Higgins, Hendry Prasetya, Steve Orlando, Mairghread Scott, Corin Howell, Daniel Bayliss
EditorialMoztros
Fecha de publicaciónFebrero 2022

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