Orquídea Negra

La muerte y la vida

Aprovechando el reciente programa emitido en nuestro podcast, «3×09 “No mires abajo” Especial Vertigo» (link aquí), me animé a la relectura de uno de esos cómics que me causó un gran impacto en su día, Orquídea Negra, guionizada y dibujada por dos leyendas del cómic como son los británicos Neil Gaiman y Dave McKean. Una vez más, he de reconocer que el recuerdo, la nostalgia, el impacto y las ganas de revivir aquellas emociones me han jugado una mala pasada. Los años pasan para todos, y queda claro que aquella persona que quedó fascinado leyendo sus páginas ya no es la misma. El Javier Cabello de hoy en día tiene un bagaje mucho más amplio, tanto en experiencias personales como en comprensión lectora, y es capaz de ver pequeñas trampas y macguffins que antes eludía. Con estas palabras no quiero menospreciar la obra, ni mucho menos, al contrario, seguiré afirmando que es una buena obra. Lo que ocurre es que de estar en los altares del Olimpo, junto a otras como Sandman del mismo Neil Gaiman o Daytripper de los gemelos Gabriel Bá y Fábio Moon (estas sí son esenciales), me doy cuenta de que esta queda muy lejos de situarse incluso tras su estela.

Orquídea Negra, personaje de tercera fila creado por Seldon Mayer, Tony DeZúñiga y Joe Orlando en 1973, con escasas apariciones en el universo DC, fue retomada por Neil Gaiman bajo la supervisión de mi admiradísima Karen Berger allá por el 1988. Por lo que en realidad, aunque se haya reeditado bajo el sello de Vertigo en múltiples ocasiones, podríamos considerarla una obra Pre-Vertigo, la cual sembraría junto con a La Cosa del Pantano de Alan Moore y otras tantas, la semilla (nunca mejor dicho) de lo que estaría por venir: una de las épocas más gloriosas del cómic norteamericano.

¿Cómo integrar un personaje tan desconocido dentro del universo DC? ¿Cómo captar la atención del lector? ¿Cómo dar consistencia a un mundo creado a su alrededor? Me imagino que quizá estas y otras múltiples preguntas fueron las que se realizó Neil Gaiman antes de enfrascarse en la elaboración de su guión. Puedo intuir, de manera pretenciosa, por donde fueron los tiros, visualizando a una Karen Berger que lo guiaba bajo una aparente sensación de libertad hacia los grandes nombres que estaban cambiando el panorama del cómic por aquel entonces, Alan Moore y Frank Miller. Obras como Miracleman en 1982, La Cosa del Pantano en 1984 o Daredevil Born Again en 1986 habían destruido o incluso eliminado por completo a sus protagonistas para revivirlos con más fuerza que nunca. Justamente esto es lo que hizo Neil Gaiman con Orquídea Negra. La eliminó de manera brutal en sus primeras páginas, dejando claro al lector que aquel cómic que sostenía entre sus manos, eludía una vez más las reglas básicas del tradicional comicbook superheroico.

Pese a esta forma tan impactante de iniciar su relato, la obra no es más que una alegoría que nos habla de la vida tras la muerte, criticando la violencia con violencia, e invitándonos a reflexionar sobre ello. Además, nos muestra claramente que la muerte no es más que un paso más en la vida, fomentando la idea de que la existencia se sustenta en un ciclo infinito. Para ello, Neil Gaiman hace que Susan Linden (Orquídea Negra) realice un viaje de fe en busca de su nebuloso origen, acompañándolo en segundo plano, con una historia de amor tóxica que acabará convirtiéndose en la clave de un mensaje algo difuso.

El afán del novel (por aquel entonces) escritor británico de demostrar que podía crear una enmarañada trama donde su protagonista se cruzara con personajes con renombre dentro de la editorial, le llevó a un resultado curioso, en ocasiones creando momentos sorprendentemente inteligentes, y en ocasiones, bajo mi opinión, creando situaciones claramente forzadas. Estoy seguro de que muchos veteranos lectores no estarán de acuerdo con esta opinión, y es que enclaves como los pantanos de Luisiana o el Asilo Arkham, eran a finales de los ochenta un gran reclamo para los más apasionados.

Si a todo lo mencionado anteriormente, le sumamos un Lex Luthor maravillosamente escrito en su papel de capo dentro de un entramado de corrupción y tráfico de armas, junto con un ambiente noir, bares, humo, cerveza, muelles medio abandonados y algún que otro encuentro destacado en mitad de un callejón oscuro, el resultado general de la obra no puede ser más que satisfactorio. 

Neil Gaiman nos envuelve en nubes de algodón con su maravillosa prosa mientras nos narra esta enorme historia con tintes de fábula derivada sutilmente de los cuentos de Mary Shelley. Pero, esto quedaría en nada sin el deslumbrante dibujo realista y expresionista que realiza Dave McKean, quien parecía estar en el punto álgido de su carrera tras lanzar al mercado el superventas Asilo Arkham (esencial para cualquier Batmaniaco) junto con el guionista, también Británico, Grant Morrison.

Ficha técnica

Título originalBlack Orchid
AutoresNeil Gaiman, Dave McKean
EditorialECC Ediciones
Fecha de publicaciónSeptiembre 2016

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