Refugio

Adopta, no compres

Siempre me gusta empezar las reseñas contado cómo llegué a la obra en concreto y en este caso, la historia es muy simple. Durante cinco años fui voluntaria en una protectora de animales. A pesar de ser una de las experiencias más esenciales de mi vida, siempre he fracaso al intentar describir lo que realmente se hace en estas asociaciones. Cuando vi que salía un cómic que hablaba de este tema, me acerqué a él con ganas y mucho miedo, ya que es un asunto tan importante para mí que deseaba que se le hiciese justicia. Fonollosa no me ha decepcionado sino que me ha sorprendido debido al gran análisis que ha hecho sobre el tema.

Las páginas de esta obra narran la propia experiencia del autor como voluntario. Captan el día a día en una de estas asociaciones a la perfección sin caer en el sensacionalismo. El modus operandi de algunas ONGs es mostrar imágenes impactantes y horribles con la intención de abrir los ojos de la gente. Aunque creo que es necesaria la concienciación, no me parece que sea la mejor forma de hacerlo, ya que no vas a atraer a las personas cuya sensibilidad no reacciona ante el sufrimiento animal, pero sí vas a dañar a aquellos que ya están concienciados. El cómic de Fonollosa huye de todo esto y se centra en describir las actividades que se realizan en una protectora y la relevancia de cada una de ellas. Todo ello es narrado de forma muy amena gracias a un dibujo increíblemente expresivo que consigue que llores de la risa cada pocas páginas a la par que sientes mucho calor en tu corazoncito. 

La importancia de este tebeo no radica sólo en abrir los ojos sobre las labores esenciales que se realizan en este tipo de instituciones, sino también en explicar como tratar a un animal. En la obra se explica cómo los perros tienen diferentes personalidades y pasados, por lo que necesitan diferente tipo de atención. De forma indirecta, te muestra como corregir los malos hábitos que tenemos los humanos debido a las instrucciones incorrectas que hemos recibido debido a la difusión boca a boca y a programas televisivos. Esto último lo reivindico yo y no el autor ya que él sabe cómo mostrar las cosas sin necesidad de entrar en el barro, pero a mí me gusta el barro. La educación de cualquier animal se debe basar en el respeto. Es tan fácil como pensar si lo que le haces al animal te gustaría que te lo hiciesen a ti. Con estas pautas puedes tomar la decisión correcta. Sólo tienes que preguntarte a ti mismo cosas como ¿qué me gustaría que me pusieran a mí, un collar o un arnés? Si tuviese super olfato, ¿me gustaría que me acercaran el puño a la nariz para olerlo? Si me llaman gritando, ¿me acercaría a esa persona enfadada? Si tengo miedo, ¿me gustaría que un extraño se acercase a achucharme sin que yo pida esas muestras de afecto? Como veis es simple. Sólo hay que ser un poco empático, ya que cuando adoptas un animal tu primer objetivo debería ser su salud y su felicidad. 

Alrededor de la figura de los perros hay mucha mitología como la teoría de la dominancia, para lo que recomiendo leer Dominancia, ¿realidad o ficción? del autor Barry Eaton, en el que te explica quién postuló la teoría del macho alfa y como esa misma persona se retracto años mas tarde por ver como ese tipo de trato propiciaba la infelicidad en los animales y la agresividad. Para obtener una respuesta por nosotros solos, no hay más que volver a hacer el mismo ejercicio de antes y plantearte si tu perro sale antes por la puerta porque lleva horas aguantando para hacer sus necesidades o porque quiere ser más macho que tú. No creo que sea necesario que conteste a esta pregunta ya que la respuesta es obvia.

Durante mis cinco años de voluntaria me di cuenta de todo lo que había hecho mal y corregí mi comportamiento. Me apunte a cursos para formarme sobre etología canina, alimentación y primeros auxilios con la intención de, no sólo poder hacer mejor mis funciones de voluntariado, sino de ser mejor persona hacia el mejor amigo del hombre. Colaboré rehabilitando perros de pelea y lo más importante que aprendí es que los canidos sí que hablan. No tienen un leguaje sonoro, pero sí usan su propia lengua de signos. Para esto os recomiendo la lectura de El lenguaje de los perros: las señales de calma de la etóloga canina Turid Rugaas. Las señales de calma son las señales que hacen los perros antes de llegar a las señales más identificables de ataque como gruñir o erizarse. El problema es que algunos perros al sentir que durante su vida las señales de calma han sido ignoradas dejan de realizarlas y directamente reaccionan, es decir, están tan hasta las narices de sentirse abusados que directamente atacan sin gruñir ni nada. Las señales de calma son esos gestos tan graciosos que la gente disfruta grabando y compartiendo en redes. Perros con orejas gachas, que quitan la mirada, ralentizan sus movimientos y más, que vienen mejor descritas en el libro antes nombrado. Todo eso no es que el perro se sienta culpable, sino que te está diciendo “Humano, por favor cálmate porque me estas molestando y me siento mal”. Conocer este lenguaje es esencial para que tu perro sea feliz. 

Por último, me gustaría centrarme en la parte en la que Fonollosa cuenta su primera incursión en la zona donde los perros están todos sueltos. Su forma de describirlo es perfecta. Yo recuerdo mi primer día como si fuese ayer porque me dejo impactada. Entré y todos los peludines venían a por mí. En ese momento me sentí desbordada. Los cuidadores me indicaron que no les tocase, lo cual es el primer instinto de cualquier persona, para que no se peleasen entre ellos. Luego cuando pude verles a cada uno en sus cheniles, recuerdo caminar observándoles. Había perros que te pedían mimos y otros que te miraban con miedo en los ojos. Todos te llenaban de ternura, pero creo que nada me podía preparar para lo que me esperaba en el último receptáculo. Desde su interior, un dogo argentino me miró directamente y me mantuvo la mirada. Pude sentir como mi corazón se encogía. Sus ojos  no expresaban afecto, ni miedo. Eran los ojos de un veterano de guerra, de una persona que había visto demasiado en su vida. Paco había sido un perro de peleas pero ya era demasiado viejo. Él fue la razón por la que volví al día siguiente y acabe yendo todos los días, incluyendo los domingos. Ver cómo evolucionó, dejo de pelearse, empezó a reconocer el motor de mi coche… me cambió. Ese grandullón no encontró un hogar pero os puedo asegurar que fue muy amado. En la protectora me decían que le había cambiado la vida pero lo cierto es que fue al revés. Me salvó. Llegue al refugio en una época oscura de mi vida y el me enseñó que se podía evolucionar, cambiar, mejorar. La evolución de su mirada de fría a la de un cachorrito mimosón, es lo más bello que he visto en mi vida. 

Con todo esto que he contado, lo que intento comunicar es la importancia de la labor que se realiza en las protectoras de animales y lo bello que es ser voluntario. No he realizado un trabajo más gratificante nunca y creo que el cómic lo expresa mejor de lo que yo podré hacerlo jamás. Para mí este tebeo va directo a mi lista de obras necesarias para la sociedad y espero que mis conocidos se preparen porque voy a regalarla mucho. Termino agradeciendo a José Fonollosa este viaje tan maravilloso que ha decidido compartir con todos.  

Título originalRefugio
AutorJosé Fonollosa
EditorialGrafito Editorial
Fecha de publicaciónFebrero de 2021

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