Little Monsters

“¿Cómo acaba la eternidad?”

Esta es la noche. Estos son los niños. Jugando sin preocupaciones, sin notar el tiempo pasar. Aunque la realidad es que los días pasan. Los años. Y ellos siguen con sus juegos, su guitarra, sus libros, sus dibujos. Inmutables. Eternos. Siguen siendo unos críos a pesar de tener cientos de años. No recuerdan cuánto llevan repitiendo el mismo juego. No recuerdan el comienzo de todo, ni como aprendieron a hacer lo que hacen. Sólo actúan de forma monótona, aparentemente sin preocupaciones. Componen sus canciones para olvidarlas al segundo. Leen sus historias sin saber cuantas veces han recorrido las mismas páginas. Juegan a lo mismo, una y otra vez. Dibujan en las paredes hasta dejar toda la ciudad decorada. Son niños, pueden soportar la repetición y encontrar alegría en las cosas más simples. Todo mientras esperan, eso se les da bien. Les prometieron que volverían a por ellos. Así que esperan eternamente.

¿Cuánto tiempo puede una mente aguantar sin evolucionar? Sus cuerpos son infantiles, pero sus mentes avanzan. Despacio, pero evolucionan. Y se hacen preguntas, empiezan a aburrirse. Es cierto que el paso de los años es una nebulosa que no logran aclarar, aunque sienten que ha sido demasiado tiempo. Una ciudad entera para ellos, llena de ratas y siempre juntos, aunque abandonados. ¿Cuando volverán a por ellos? ¿Por qué no pueden salir?

Ellos creen que ya no existe nadie más. La pandemia eliminó a la humanidad y están solos. Ellos y sus mayores que les juraron que algún día volverían, pero empiezan a dudar que eso vaya a pasar. Sin embargo, la vida no se mantiene estática eternamente y, un día, en esa urbe en la que sólo conviven con los roedores, aparece un humano herido. ¿Qué es eso tan rojo y llamativo que altera su mundo en blanco y negro? ¿Qué es ese olor que se mete por su nariz, indicándoles que ese es el camino? Prometieron que nunca lo harían, pero los ancianos ya no están y ellos en realidad ya no son tan jóvenes como parecen. Así que caen en la tentación. Puede que sea el aroma, el hambre o, simplemente, un aburrimiento acumulado durante siglos. No pueden evitarlo y, por primera vez, se sienten vivos.

No hay vuelta atrás. Todo va a cambiar. Ya no pueden volver a ser niños, pues han descubierto lo que es el pecado. Cada instante del futuro sentirán el ansia, la sed. Y nunca jamás volverán a sentirse saciados. Han renunciado a la inocencia, a la eternidad, por una droga que les consume y les enloquece. Da igual que algunos de ellos quieran detener al resto, que deseen volver a ser las almas puras que fueron. Nada puede detener la sed. Esa necesidad ahora es todo lo que son y ya no hay amistad, ni juegos, ni libros, ni dibujos, ni música. Sólo hay depredadores en buscan de sentirse bien aunque sólo dure un segundo. Cueste lo que cueste.

Little Monsters. Buff, creí que un relato de vampiros no podría volver a engancharme. Fui una niña y una adolescente adicta a las películas, novelas y series de chupasangres. Hasta hice un trabajo para el cole sobre ellos. Estaba obsesionada y busqué todo tipo de historias, pero llegó un momento en el que ya nada me saciaba. Tenía sed y sólo me ofrecían la misma mierda de siempre. Ahora ha llegado Lemire jugando sucio y diciéndome: “Eh Berta, ¿te acuerdas de esa niña vampira que tanto te fascinó en las páginas de Anne Rice?”. “Pues claro Jeff, ¿cómo podría olvidar como Claudia se cortaba el pelo y al instante volvía a crecerle o cómo ansiaba que su cuerpo se transformara en el de una mujer?”. Pues va el tío y me trae un cómic sobre los perfectos depredadores porque, ¿quién desconfiaría de un niño indefenso?

Así que Lemire y Nguyen nos traen una obra refrescante basada en algo ya muy trillado, en la que consiguen devolvernos eso que tanto echábamos de menos los amantes de los vampiros. Crean unos personajes muy dispares, cada uno con un pasado trágico que nos recuerda, en pocas viñetas, momentos horribles de la historia, mostrando de esta forma que los humanos también son unos monstruos, algo que yo apoyo sin reparos. De este modo, te ofrecen una visión de porque cada uno ha desarrollado una  personalidad, unos hábitos y consigue mantenerte interesado.

Algo sorprendente de la novela gráfica es que Dustin Nguyen no nos ofrece su típico dibujo en acuarelas más que en las portadas, sino que ha decidido retratar ese mundo post apocalíptico en blanco y negro, expresando así lo lúgubre de la situación. Nos ofrece tonalidad de color en aquellas cosas que simbolizan vida como pueden ser los dibujos con los que decora las paredes Romie o, como no podía ser de otra forma, la sangre. Aunque esto pueda decepcionar a algunos, os aseguro que el apartado gráfico es una maravilla y no podría ir más de la mano con la historia que narra.

Como conclusión, este combo formado por Lemire y Nguyen, que ya me maravilló en Descender, es sin duda una apuesta segura y se han convertido en uno de mis equipos creativos fetiches, ya que no es fácil ofrecer una obra original sobre un tema del que parece que ya se ha contado todo.

Ficha técnica

Título originalLittle Monsters
AutoresJeff Lemire, Dustin Nguyen, Shirley Wu
EditorialAstiberri Ediciones
Fecha de publicaciónMarzo 2023

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