Dog Biscuits

«La vida continúa»

Vale, sé que el enfoque que le voy a dar a esta reseña es de lo más tramposo, pero, aunque no os lo creáis, es la reflexión que me ha generado esta lectura. Digo que es tramposo porque venir a hablar de la inesperada virtud (chupito para quien coja la referencia) de llegar tarde a las cosas cuando, precisamente, mi editora jefa lleva (ya casi) un mes reclamando que entregue esta reseña es, cuanto menos, de tener la cara un poco dura.

Pero lo cierto es que, al enfrentarme a una lectura tan contextualizada en un periodo temporal, en un acontecimiento que, ya en su día, todos reconocimos como histórico, y que ahora nos resulta tan marciano, tan bizarro que sólo podemos tildarlo de enajenación colectiva, lo único que uno (o al menos yo) puede pensar es: joder, qué locura, ¿de verdad pasamos por todo aquello?

El acontecimiento histórico al que me refiero no es otro que la pandemia de Covid-19, sí lo sé, suena raro hablar de esto a estas alturas, pues ya han pasado la friolera de tres (casi cuatro) años desde que el mundo dejó de girar por unos meses y de que, entre todos, lo volviésemos a poner en marcha. Lo sé, todo suena absurdamente exagerado, pero, aunque como yo, como la mayoría, queramos olvidarlo, así es como se sintió.

No, no quiero ponerme a reflexionar, criticar o demandar todos los males de la pandemia, a nivel físico, mental, a nivel de las personas que perdimos o de la mala gestión política y económica que se hizo del asunto. Eso no me interesa y, aunque hay cosas que son inevitables, más cuando aún estábamos empapados en gel hidroalcohólico y con auténtico pavor a salir a la calle, me atrevería a decir que a Alex Graham, la autora de esta obra, tampoco le interesa demasiado esa reflexión.

Pues sí, Dog Biscuits es una obra escrita y ambientada en plena pandemia, concretamente en ese extraño momento en el que las restricciones y las medidas anticontagio parecían dilatarse indefinidamente en el tiempo, y en el que aún apenas se hablaba de la posibilidad de una vacuna contra la enfermedad. Un tiempo en el que la sensación general era de abandono, de que nadie sabía qué hacer para frenar esto, para intentar volver a la “normalidad”.

En este contexto, la autora de Seattle decide centrarse en las vivencias de una serie de personajes, cada uno con sus propios traumas, problemas y desequilibrios emocionales y psicológicos. Desde una joven chica que aún está viendo qué hacer con su vida, a un artista cincuentón que empieza asumir que sus “mejores años” ya han pasado y que jamás va a lograr aquello que se propuso, que su vida ya no va a ser cómo él la había imaginado.

Personajes rotos en un mundo roto, quizá sea la mejor descripción que se puede hacer de esta obra. Pero lejos de regodearse en el pesimismo y la angustia existencial, aunque es cierto que ocupan buena parte de las cerca de cuatrocientas páginas que componen el tomo, Graham no deja de insistir en un mensaje que, puede que sea demasiado optimista catalogar de esperanzador, pero al menos podríamos llamar cínico, o realista. “La vida continúa”. Y creo que es una reflexión de lo más acertada y que, aun cuatro años después, no sólo no ha perdido fuerza, sino que incluso resuena con mayor intensidad.

Después de que el mundo colapsase, de que las fronteras de los países fuesen cerradas y de que literalmente todo ser humano del planeta (o casi) se viese obligados a aislarse en su casa, como mucho rodeado por quien en ese momento compartiese ese mismo espacio, la vida ha continuado. Y lo peligroso de esto, y aquí es donde entra mi reflexión, es que parece que nos haya dado igual.

A priori afrontar esta lectura, un cómic underground escrito en plena pandemia y publicado originalmente en formato de tiras en Instagram, casi cuatro años después puede parecer demasiado tedioso. Ya no estamos en ese mismo momento de crisis vital y de pánico colectivo, ¿cómo va a ser posible conectar con esta obra a estas alturas? 

Precisamente esta disonancia temporal, el haber llegado “tan tarde” a este cómic es lo que más me ha hecho disfrutarlo. Pues, y supongo que no soy el único, la verdad es que no me gusta que me recuerden la pandemia, que me hagan pensar en todo lo que tuvimos que pasar y en lo absurdo que era todo en aquellos momentos de caos sin precedentes. Es precisamente esta incomodidad que me genera la obra, la que me ha hecho saber apreciar el ejercicio de la autora, la distancia que ahora nos separa de todo aquello (gente muriendo, negocios hundiéndose, políticos, policías, empresarios y demás carroña aprovechándose al máximo para beneficiarse de la situación) me ha hecho comprender lo delirantemente problemático de muchas cosas que sucedieron y, por encima de todo, el esfuerzo que silenciosa y colectivamente hemos hecho todos y cada uno de nosotros para olvidarlo lo antes posible, para, incluso, fingir que nunca sucedió.

No me queda más que agradecer a Fulgencio Pimentel y La Casa Encendida por recuperar obras como esta para su iniciativa del Puchi Award, que para mí ya se ha convertido en sinónimo de calidad.

Ficha técnica

Título originalDog Biscuits
AutoresAlex Graham
EditorialFulgencio Pimentel y La Casa Encendida
Fecha de publicaciónMarzo 2022

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