Supervillanos

No pierdas de vista las amenazas menores

¿Os acordáis de aquella famosa frase de “cualquier tiempo pasado fue mejor”? Vamos, no me digáis que no os suena. Es algo a lo que muchos hoy en día llaman “nostalgia”, un motor que se usa muchísimo en la narrativa. Pero ojo, porque puede convertirse en un arma de doble filo: el exceso o la falta de ella puede cargarse una obra por completo. Como dirían los romanos, en la mitad está la virtud. Y cuando uno además de situarse en esa mitad le mete la cantidad de cariño que sus autores han proporcionado a la obra de la que hoy vengo a hablaros sale un cómic tan pepino y divertido como es “Super Villanos”.

¿Conocéis a Patton Oswalt? ¿No? No os preocupéis, yo os refresco la memoria. Patton es un comediante americano, actor y un señor extremadamente friki y nada ajeno a este mundillo del cómic. Para que os hagáis idea de su palmarés, debutó en el cine en la peli “Blade Trinity”, se convirtió en el Agente Koenig y sus hermanos gemelos en la serie de Marvel “Agentes de S.H.I.E.L.D.” y ha tenido a su cargo nada más y nada menos que la serie animada del villano M.O.D.O.K. del universo Marvel. Una joyita. Y con este palmarés, era cuestión de tiempo que aterrizara en el mundillo del cómic para guionizar alguna que otra serie, como ha hecho con “Super Villanos”. Y ojo, que lo hace por la puerta grande acompañado al dibujo de Scott Hepburn, quien ha puesto sus lápices a disposición de universos como el de Marvel, DC o Star Wars; y con el color de Ian Herring, uno de los coloristas habituales de la Casa de Las Ideas. Todo aderezado con el buen hacer que predomina en la editorial Dark Horse y que tan buenamente nos traen a España desde Grafito Editorial. Sabe con quién juntarse para dar el primer salto el bueno de Oswalt.

La obra pone en valor a los villanos de 3º y 4º fila, aquellos que nacieron allá por las edades de oro y de plata del cómic superheróico y que en su momento resultaban ser un bombazo, pero que a día de hoy reconozcamos que en la mayoría de casos se nos han quedado ridículos. Para que os hagáis una idea, me refiero a villanos como La Rana Saltarina en Marvel o El Hombre Cometa en DC. Personajes que en un mundo inocente y bobalicón representaban las mayores amenazas a la figura del héroe pero que ahora se han quedado en calzones en comparación con las mentes maquiavélicas, metahumanos y demás barrabasadas nacidas de las mentes de los guionistas.

Es en este aspecto donde se nota el amor del autor por el medio del cómic en general y por el género pijamero en particular, cuando nos presenta una historia narrada desde el punto de vista de Frankie, antigua villana llamada Juguetera que actuaba bajo el amparo de su madre la Reina Juguetera, actualmente rehabilitada y regente de un bar de mala muerte para villanos de muy bajo estatus. La cosa se tuerce cuando un mega villano llamado Monigote asesina al Niño Medianoche, el ayudante del superhéroe Insomnio, como ocurriera en aquella famosa historia de Batman “Muerte en la familia” en la que el Joker mataba a palos a Jason Todd, el segundo Robin a cargo del Hombre Murciélago. Pero creedme que en este caso Insomnio no se lo va a tomar con tanta filosofía como lo hiciera Bruce Wayne en aquellos tiempos, sino que más bien va a tomar la senda del puño cerrado para partir cabezas y asesinar a todo villano que se le cruce por delante hasta encontrar a Monigote, sumiéndose en una descontrolada búsqueda de venganza y de descanso para la atormentada alma del Niño Medianoche. Es en este momento cuando Frankie se verá obligada a retomar su antigua vida, rodeándose de personajes tan variopintos como el Rompecocos, un villano de tres al cuarto con una capacidad pasmosa de analizar el entorno y prever planes en consecuencia; Palomo Pete, un ladrón de bancos caído en desgracia y arrollado por la edad con la capacidad de amaestrar a palomas para que le ayuden en sus tropelías; Cirujana, la doctora de los villanos u Ofidio, una mole imparable de músculo y mala leche. ¿El objetivo? Encontrar a Monigote y entregarle a Insomnio antes de que este trasunto de Batman les rompa el cuello a todos los villanos de la ciudad. Una suerte de “muerto el perro, se acabó la rabia” de manual.

Una historia fresca, con mucho ritmo, unos personajes muy bien definidos y que cumple a las mil maravillas para ser la primera publicación de un guionista en el medio y que sin duda os va a sacar alguna que otra carcajada como lo ha hecho conmigo y, si sois amantes de las edades de oro y plata como un servidor, os va a traer buenos recuerdos con sus homenajes. En el apartado artístico Scott Hepburn tiene una línea fina y angulosa bestial que le viene que ni al pelo a las escenas de acción desenfrenada y el color de Ian Herring marida toda la composición como lo hace un buen vino con cualquier comida. No nos podemos olvidar del trabajo patrio de edición realizado por los amiguetes de Grafito Editorial, que una vez más se curran una edición brutal en rústica con solapas con la que no queda más que quitarse el sobrero y aplaudir a dos manos.

Es hora de que los malosos salven el día por una puñetera vez, y nadie mejor que los OG’s para hacerlo y enseñarle a las nuevas generaciones que las canas también guardan experiencia y agallas. ¡Cuidado y que no os pille el Continuo!

Ficha técnica

Título originalMinor threats vol. 1: A quick end to a long beginning
AutoresPatton Oswalt, Jordan Blum, Scott Hepburn, Ian Herring, Nate Piekos
EditorialGrafito Editorial
Fecha de publicaciónAbril 2024

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