Perros

Una responsabilidad sagrada

“Lo comprendo”. Me parece una frase más de consuelo que real. No puedes entender algo que no has vivido. Lo intentas, sí, empatizas, pero ni de coña lo comprendes al 100%. Ninguna experiencia es igual a otra y las personas no perciben lo mismo, aunque las situaciones sean iguales. Aun así, es de agradecer que la gente intente conectar contigo cuando pasas por algo. De este modo, si no has tenido una conexión con un animal, no puedes llegar a entender lo fuerte que puede llegar a ser, hasta incluso más intensa que entre dos personas. Hay casos en los que la gente cree que no sentirá ningún vínculo y, como en el caso de la autora de esta obra, se sorprende.

Cuando un ser peludo llega a tu vida, esta se ve revolucionada. Todos pensamos que es un cambio menor a tener hijos y, por eso, lo menospreciamos. Pero esto es un error. Tu vida va a verse alterada, pero por un periodo de tiempo menor. Y si no es así, si no ves que tu mundo cambia, es porque no debes tener una mascota en tu vida. No estás preparado o simplemente no eres digno de dicha bendición. Ya que, cuando llegan, todo es diferente. Empiezas a ver el mundo de otra forma, te sensibilizas. Adquieres un nuevo sentido que capta cosas a las que antes nunca habías prestado atención. Ves animales en todas partes, te fijas mucho en todo lo que te rodea para evitar accidentes porque ese pequeño ser depende de ti. Es tu responsabilidad. Y no sólo eso, se ha colado en tu corazón de una forma que nadie más puede hacer. Muchos no lo entenderán y otros dirán que lo comprenden, pero sólo aquellos que llegan a casa y sienten ese calor en su interior al ver a su perro, a su gato, serán capaces de saber de qué hablo. Todo lo malo se te olvida, porque sabes que has llegado a donde tenías que estar, con quien debías estar.

Adaptar tu vida a sus necesidades puede parecer un sacrificio, pero cuando estas metido en ello, no es lo que sientes. En la obra se mudan para que sus perros sean más felices, cambian su forma de viajar y hasta adaptan su trabajo a sus nuevos compañeros. Y, cuando tienes un perrete sacarlo tres veces al día puede parecer un engorro, pero yo echo mucho de menos pasear a mi perra. Me ha encantado como en el cómic narran los paseos como la mejor parte del día. Es un momento de conexión, en el que le ves libre, feliz, y te permite a ti contagiarte de eso también. Claro está que si vas con el móvil y sin importarte lo que está haciendo tu acompañante, pues esto no lo vas a vivir. Pero, sinceramente, si tienes un animal para ignorarle en sus momentos importantes, ¿para qué lo tienes? ¿Exagero? He dicho importantes, pero no he dicho para quién. Para mi Zar, para mi Evapig, los paseos eran uno de los mejores momentos del día. No sólo porque hacían sus cositas, sino también porque podían hacer ejercicio y lo más esencial, estimular su cerebro. El olfato es el sentido predominante de los cánidos. Por eso, el mundo lo perciben a través de este, igual que nosotros lo hacemos mediante la vista. El oler cosas les producen un enriquecimiento mental semejante al que a nosotros nos produce aprender cosas nuevas o al hacer aquello que amas. Por ello, si te importa su felicidad, deja a tu perro oler cacas en la calle, por muy asqueroso que te parezca, y déjale olfatear sin tirar de la cadena.

Hay algo que también cambia cuando adoptas (o compras, que espero que lo deje de hacer la gente) una mascota y es que descubres la de gente con psicopatía que hay por el mundo. Para mí, si no eres capaz de sentir ternura al ver un perrete, es porque tienes el alma muy oscura. Cuando los paseas, recibes comentarios de asco, de odio, gente que te dice lo que debes hacer, y en mi caso, hasta gente que amenaza con matar al perro. No hace falta ir tan lejos ya que sólo con ese radar nuevo que has desarrollado, empiezas a notar más la cantidad de animales atados en patios que hay. Y es que no todo el mundo es capaz de empatizar igual.

En Perros hablan de muchos peludines que van conociendo, algunos en situaciones pésimas y otros en los que sus dueños, simplemente por desconocimiento (quiero pensar que es eso y no por crueldad), les hacen altamente infelices. De esta forma, nos presenta un análisis muy interesante de diferentes situaciones y te expresa los sentimientos de las protagonistas que se ven, en ocasiones, dominados por la impotencia de no poder ayudarles a todos. Esta es la sensación que yo tenía cuando era voluntaria en una protectora. No sabes que hacer y cuando a veces tomas acciones legales, descubres que tu país sigue muy atrasado todavía en cuanto a defensa animal.

Como no podía ser de otra forma, al ser una novela gráfica de perros ambientada en Corea del Sur, tenía que salir el tema de la crianza de estos con fines ganaderos. Y, personalmente, me parece un tema un poco sensible. No imagino vivir en un sitio en el que tema que se puedan llegar a comer a mi amorcete (aunque sí que se llevaran a mi Pitbull para meterla en peleas o para criar) y agradezco que ahora sea ilegal en el sitio en el que se ambienta el cómic. Pero, creo que no debemos juzgar con tanta facilidad. Comían perros porque pasaban hambre y era lo que había, y nosotros comemos animales sagrados para otras culturas. No debemos caer en ese pensamiento hitleriano de que una vida vale más que otra. Lo importante es evolucionar.

En resumen, Perros es una novela gráfica que tiene como intención aumentar la concienciación de los humanos respecto a los animales. Se basa en la idea de que nosotros somos unos privilegiados y por ello debemos cuidar al resto. Es un concepto precioso basado en el siguiente proverbio nativo americano que se incluye en la obra:

“Nacer como humano es una bendición divina. Esta especial gracia viene acompañada de una responsabilidad sagrada. Supera la gracia otorgada a todos los seres vivos sobre la Tierra: arboles, peces, bosques, pájaros. Por eso el ser humano tiene el deber de cuidarlos”

Ficha técnica

Título original
AutoresKeum Suk Gendry-Kim
EditorialReservoir Books
Fecha de publicaciónMarzo 2024

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