Este del oeste

Cualquier esperanza es vana y no sé qué creer

Si tuviera que hablar de los modelos masculinos más importantes de mi vida, esos sin duda serian mi abuelo y mi padre, quienes siempre me han inculcado valiosas lecciones sobre la vida, me han enseñado hacer todo tipo de cosas y siempre han estado allí, pasara lo que pasara, apoyándome en los momentos más difíciles y respetando mi manera de ser. Además de ello, estas dos figuras paternas tan importantes en mi vida, influyeron a que yo descubrieran dos grandes fenómenos culturales, que ahora forman parte de mis gustos.

Por un lado, mi abuelo desde siempre ha sido un gran fan del Western, teniendo muy arraigo en mí, aquellas tardes en las que disfrutaba junto a él de clásicos del género, destacando entre estos la famosa Trilogía del dólar, del director Sergio Leone. Por otro lado, mi padre siempre ha sido un gran fan de la ciencia ficción, quien me inculcó desde pequeño grandes títulos como la saga de Terminator, Blade Runner e incluso mi amor por lo post apocalíptico con películas como la trilogía de Mad Max. Es por eso mismo que al caer en mis manos Este del oeste y ver que estos dos géneros se daban la mano en una historia sin igual, no pude evitar pensar en estas dos personas tan importantes para mí. Así que en este día tan especial voy a dedicarles la reseña de este comic, que, de seguro, hubiéramos podido disfrutar los tres si hubiera llegado a mi vida unos años atrás.

Esta trama nos lleva a un curioso e inesperado giro de la historia americana, mostrándonos como la conocida guerra de secesión de 1862, fue inesperadamente interrumpida por la caída de un meteorito. Siendo esto interpretado por muchos como una señal divina, el conflicto cesó y cada uno de los bandos decidió fundar su propia nación cambiando los acontecimientos tal y como la conocemos. No obstante, lo que pocos sabían es que aquel extraño fenómeno astronómico iba a marcar el comienzo de un auténtico apocalipsis, desatado por los cuatro jinetes quienes se habrían rencarnado y caído al mundo que jurarían destruir una vez más. Aunque lo más extraño de todo es que, de las cuatro entidades, muerte parece ser el único que no sólo no ha aparecido junto con el resto de sus compañeros, si no que ha roto las reglas que se le impusieron, para afrontar una misión personal que lo llevará por su propio camino de venganza y destrucción.

Jonathan Hickman, consigue con esta obra unir el pasado y el futuro con elemento sobrenaturales, en una historia donde tienes toda clase de recursos que funcionan genialmente en sus respectivos géneros, cohesionándolos de manera única y sensacional. Por lo que, para poder abordar este tratamiento, considero importante que dividamos esta reseña, por cada uno de los pilares que sostienen este comic, para poder entender qué papel juega cada uno de estos.  

Empezando por la parte del Western, vemos en muerte al clásico llanero solitario pudiendo ser encarnado fácilmente en la época dorada del género por John Wayne o Clint Eastwood. Una figura, la cual a pesar del misticismo que lleva a sus espaldas, lo que la define son sus actos, viendo desde la primera página, como encaja en el papel de ese hábil pistolero que no se resiste ante nada ni nadie, siendo de los que primero disparan y luego pregunta. Alguien quien ha salido de la nada, con un pasado misterioso que poco a poco esta historia nos desdibuja y que incluso resulta un misterio para sus propios compañeros de viaje, quienes atravesaran parejas desérticos y desoladores muy propios de estas historias.  

Continuando con los elementos de la ciencia ficción, es aquí donde considero que la obra juega con el segundo mayor conflicto de la trama, siendo este la inminente guerra que se está a punto de producir entre las diferentes naciones que forman esta futurística Estados desunidos. La Unión, la Nación, el Reino son algunos de los nombres por los cuales se conocen estos territorios, quienes han conservado su propia identidad con el paso de los años, pero han dado paso a la tecnología y la ciencia llevando a cabo sus propios avances y manera de ver un conflicto militar o de gobernar su nación. Algo que por supuesto, el autor quiere a darte a conocer, de manera minuciosa no sólo a través de su trama, sino también a través de toda clase de elementos gráficos, como diagramas, líneas de tiempo o incluso informes militares que hacen sentir al lector como una especie experto político. Un conflicto que la obra no tarda en derivar en algo que tristemente sigue siendo real en nuestros días, como la opresión política, la rebelión de las clases bajas, entre muchas más que te demuestran que esta sociedad está lejos de ser el futuro perfecto.

Por último, por lo que respecta al tramo sobrenatural, es la parte más desconcertante de este cómic, puesto que el guion ofrece una carta blanca al lector para pensar que puede existir y que no en este mundo. Algo que, en mi opinión, actúa como el pegamento perfecto entre los géneros anteriores, pudiendo ver como esta obra te entrega desde las pérfidas aberraciones creadas por los misteriosos jinetes del apocalipsis, hasta oráculos místicos que, a modo de chamán de la tribu, jugarán con el destino de nuestros protagonistas.

Ahora que hemos acabado con lo que Este del oeste puede ofrecernos a nivel de guion, es momento que hablemos del apartado artístico con Nick Dragotta a los lápices y Frank Martín al color. Y es que, si a nivel de guion esta obra ya es un deleite por unir lo pasado con lo futurista, a nivel de diseños tanto de escenarios como de personajes es donde Dragotta se saca sin ninguna duda el sombrero, ofreciéndonos esa perfecta amalgama donde vemos como la tecnología esta presente en los elementos más arraigados del western, como los sheriffs, los nativos americanos y los traslada a no sólo desiertos desolados, sino también a megalómanas metrópolis sobre las que están sus gobernantes. Toda clase de bocetos que brillan gracias a un colorista que se adapta perfectamente a cualquiera de los géneros que requiera la trama, creando un gran arco de tonalidades entre los anaranjados y luminosos colores típicos de un western como El bueno, el feo y el malo hasta las destellantes luces de neón en oscuros fondos similares a los de una ciudad futurista como la de Blade Runner.

En conclusión, este integral se ha convertido en aquello que venía buscando, pero con más dosis de tramas políticas de las que me esperaba, pero que seguro mucho de vosotros disfrutrareis. Algo que en esencia no es malo, pero sí que a lo mejor se hubiera convertido en la típica parte que tanto mi padre, como mi abuelo y yo, nos hubiéramos saltado en una película para ir directamente a los tiros. Por eso mismo, aunque uno de ellos ya no esté en mi vida, siempre lo recordaré con una sonrisa, cada vez que un revolver se desenfunde o un jinete galope hacia al ocaso, de la misma forma que me seguirá enamorando cada vez que ve unas destellantes luces de neón brillar sobre una futurista metrópolis. Gracias a mis dos pilares paternos por hacerme el hombre que soy, os quiero.

Ficha técnica

Título originalEast of west
AutoresNick Dragotta, Jonathan Hickman, Frank Martin
EditorialNorma Editorial
Fecha de publicaciónMes YYYY

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