El beso número 8

Cuando el arte del cómic te ayuda a madurar

No sé cómo viviste tu adolescencia, querido lector, pero supongo que como la de la mayoría, fue como una montaña rusa de la que, aunque te mareabas y querías bajarte, no podías hacerlo. Recuerdo estar constantemente enfadado con el mundo, pero a la misma vez todo me apasionaba como si fuera lo mejor y lo único que existía en ese momento. ¿Mi visión del futuro? Inexistente. ¿Pensar tal vez que mis ideas estaban equivocadas? Impensable. ¿Mirar más allá de mi ombligo? ¡¡Con lo bonito que es mi ombligo!! Este egocentrismo tan adolescente tenía un efecto de doble filo en mí. Cuando estaba bien podía comerme el mundo, pero cuando algo malo me pasaba, era ese mismo mundo el que me devoraba a mí. Pero es curioso, que fuese sólo así de cabezota y de ególatra en cuanto a mi forma de pensar y ser, con mi familia, profesores y en general adultos; en cambio de cara a mis amigos, a menudo me hacían dudar de todo. Sentir con esas edades que no encajas con la gente que te rodea, que te señala o te juzga, es un peso enorme que cuesta mucho soportar. Y aquí es donde entran los besos, o más bien el tema de la sexualidad. El sentirse atraído por alguien, descubrir que es lo que te gusta y quien te gusta, sentir esos pequeños cosquilleos de la primera vez para todo. Sentir el amor.

En mi caso, mi duda no fue descubrir mi sexualidad, siempre tuve una idea clara de mis gustos y atracciones. Mi problema fue la forma en que yo siempre he concebido la atracción, y es a través también de los sentimientos. Siempre me ha costado mucho no relacionar sexo, besos, caricias, amor… como si para mi fuera todo un pack que debe ir junto para sentir una plenitud total. Esto chocaba mucho con la idea que mucha gente tiene sobre el sexo o enrollarse con una persona, que era tal vez lo que se hacia más con esas edades. Fruto en parte de un machismo que a veces también nos afecta a los propios hombres, este pensamiento era motivo de burla o de un trato como si fuera menos que el resto por parte de mucha gente de mi alrededor, incluso muchos a los que consideré amigos. Esa presión social a veces me pasó factura, haciendo que sintiese como si algo en mi no fuera bien o incluso obligándome a hacer cosas que a lo mejor no quería, solo por encajar. Por suerte, nunca me dejé dominar del todo y poco a poco me liberé de ese estigma, llegando a hacer lo que yo quería cuando quería. He experimentado muchas cosas, y a día de hoy sigo pensando igual. Por el camino de mi madurez, no sólo sexual, sino también social, he ido quitándome de encima a toda la gente que me sobraba. Por desgracia, ese viaje hace también que tengas que despedirte de gente que no te gustaría, pero eso forma parte del trayecto. Toda una vida llena de besos, abrazos, amigos y amores que pueden resumir tu vida.

Os cuento todo esto porque es de lo que trata El Beso Número 8, una obra que os transportará a vuestra adolescencia de la mano de Mads. Te sumergirás en esta historia sobre su adolescencia, pasando por sus ocho primeros besos, cada uno lleno de lecciones de vida indudables. Ella está rodeada por sus amigas Cat, una chica que suele salir con muchos chicos y suele tirar de Mads hacia la fiesta, y Laura, su otra amiga, muy religiosa y bastante remilgada. Para mí representan el demonio y el ángel de la consciencia, tirando de nuestra protagonista hacia cada uno de los lados, intentando arrastrarla a su forma de pensar, y haciendo que dude de todo. Además, tendremos una segunda trama que surge de los padres de ella, que esconden un secreto que llevan toda la vida ocultando a su hija. A medida que la historia avanza, el mundo de esta chica se desmoronará como un castillo de naipes y deberá enfrentarse a cada situación, llevándonos por un viaje de madurez increíble. Esto convierte a la obra en un tebeo que, no sólo los adolescentes deberían leer, sino todo el mundo.

Os puedo asegurar que es probablemente uno de los cómics más adictivos que he leído, y es que una vez que os pongáis a leerlo no podréis parar. Colleen Af Venable, su guionista, cuenta una historia tan bien construida y relatada que te sumergirás sintiéndote parte de ella. Domina los tiempos de una forma increíble y salpica los momentos difíciles con grandes alivios cómicos que te harán reír constantemente. Consigue convertir su obra en una de esas que te hacen coger un cariño inmenso a sus personajes y que te tienen con una sonrisa todo el rato. A pesar de contar momentos difíciles y muy reales de la vida, te transmite un buen rollo contagioso. Y en esto tiene mucha culpa Ellen T. Crenshaw, su dibujante, cuyo estilo de dibujo juvenil en blanco y negro encaja como un guante con el relato, y para colmo la narración gráfica es fantástica, recordándome en parte al estilo de Terry Moore en Stranger in Paradise.

Al final, querido lector, he cerrado este cómic con una satisfacción de esas que te dejan saciado. Esta obra lanza el mensaje de que la madurez es un proceso largo con momento en los que te caerás, pero que te volverás a levantar. Ese viaje nunca acaba, sigue hoy en día a mis 34 años como el de todos. La felicidad no se encuentra tal vez al primer beso, ni en los primeros amigos, ni tal vez en la familia en un momento determinado, sino que la encontramos en esos momentos en lo que ellos maduran y crecen a tu lado, cambiando y evolucionando junto a ti, o dejándolos a un lado para descubrir algo nuevo. Yo he encontrado un beso perfecto al fin después de mucho buscar, y el tuyo, si aun no lo has encontrado, seguro te está esperando.

Ficha técnica

Título originalKiss number 8
AutoresColleen Af Venable, Ellen T. Crenshaw
EditorialEdiciones La Cúpula
Fecha de publicaciónOctubre 2019

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