Dracula

El hipnótico terror del silencio

Hace ya unos cuantos años, y contra todo pronóstico, Donny Cates logró con su Redneck lo que entonces parecía impensable, que me volviese a enamorar de uno de los mitos favoritos de mi niñez: los vampiros. Un poco más tarde, casi simultáneamente, Taika Waititi fue un paso más allá y, riéndose en mi cara, me demostró que no siempre hay que tomárselo todo tan en serio y que, si te diviertes con ello y te centras en el producto de entretenimiento por encima de en las inamovibles leyes del relato vampírico, aún hay muchísimas cosas que se pueden contar de estos seres que llevan plagando la literatura más de doscientos años y la imaginación humana unos cuantos más.

No habiendo aprendido la lección y por muy amante que sea ahora de todo aquello en lo que salgan colmillos y gente que necesita mucho SPF (bueno, de casi todo, hay ciertas líneas que jamás se cruzan, señor Cullen), una vez más pensé que no podrían sorprenderme. Sí, están muy bien y son muy frescas las historias de gente que se convierte en murciélago cuando te las llevas al oeste de Texas o cuando les haces compartir piso en Wellington o incluso en Staten Island. Pero, ¿realmente hay algo nuevo que se pueda contar del primero de todos, del que inició todo este frenesí? ¿Se puede hacer algo innovador con Dracula?

La respuesta corta y sencilla probablemente sea un rotundo: no. Pero, y aquí es donde estaba mi error, innovador no es antónimo de rompedor o de interesante. Pues a pesar de mi fervor por lo vampírico y por el equipo creativo que hay detrás de esta obra (ahora llegaremos a eso, tranquilos), no dejé de acercarme con una ceja arqueada al cómic que lleva por título nada más y nada menos que Universal Monsters: Dracula. He de decir que ese “Universal Presents” que acompaña a cada grapa emanaba cierto olor a naftalina.

Todas mis dudas se disiparon en cuanto abrí el primero de estos cuatro números. Ya habían empezado a difuminarse en cuanto vi la portada, se fueron esclareciendo un poco más al sostenerla entre mis manos, pero en cuanto llegué a la primera splash page la hipnosis ya era total, me había convertido en un súbdito más del Conde Dracula, mi voluntad era la suya.

Probablemente no sea necesario que introduzca a James Tynion IV, para mí el guionista más en forma de estos últimos años, quien había jurado no volver a trabajar con personajes que no fuesen de creación propia. Sin embargo, un encargo tan apetecible como este, nada más ni nada menos que escribir la historia del rey del terror gótico que tanto adora el guionista neoyorquino, era una oferta demasiado buena como para rechazarla (si alguien saca de aquí la referencia a El Padrino y lo enlaza con Francis Ford Coppola, director de, efectivamente, Dracula de Bram Stoker, le doy un beso en los morros). Y menos mal que no la rechazó, pues ha demostrado ser capaz de contarnos otra vez la misma historia, pero desde una perspectiva y con un juego narrativo capaces de meternos de lleno e incluso de generarnos ciertas inquietudes por el desenlace de la historia. Os juro que, aunque desde un principio conocía cada detalle, cada giro y hasta la conclusión de la obra, por momentos, una parte de mí, probablemente esa parte que seguía presa del embrujo de Dracula, deseaba que no fuese así. Que al menos, aunque solo fuese esta vez, acabase de otra manera.

Tampoco debería ser necesario presentar al compañero de Tynion IV en El Departamento de la Verdad, Martin Simmonds, quien para mí es el factor determinante de este cómic. Es imposible poner en palabras las barbaridades que es capaz de hacer en estas páginas el ilustrador británico. Lejos del collage y el mixed media al que nos tiene habituados en las páginas del Departamento, Simmonds saca su Sam Keith interior y nos regala páginas y páginas de composiciones casi abstractas en las que la terrorífica mirada del Conde Dracula, alguna de sus formas animales y la ciudad de Londres son siempre protagonistas. No ha habido ninguna de estas cuatro grapas en las que no haya sentido cierta inquietud, por no reconocer que también he pasado miedo, al contemplar cara a cara el rostro del rey de los vampiros. Como tampoco ha habido ni un solo número en el que no haya deseado arrancar, por lo menos, tres o cuatro páginas para poder exhibirlas en el comedor de mi casa, en una tienda de cómics o en el Museo del Prado.

Si alguien tiene pensado acercarse a este Dracula con la intención de que le cuenten algo nuevo, que descarte la idea. Es la misma historia de siempre, la de Bella Lugosi, la de Bram Stoker. No van a contarnos nada nuevo, ni falta que hace. La labor casi invisible de Tynion IV, dejando todo el protagonismo y el peso narrativo en manos del que probablemente sea el mejor Simmonds que he visto, te hace entender que, como suele suceder, en esta obra también hay un personaje que hace de alter ego del guionista y, al igual que él, lo dice absolutamente todo sin pronunciar una sola palabra en toda la obra.

Postdata, para los que, como yo, ya os hayas convertido en reconocidos amantes del terror gótico y de los vampiros, no dejéis pasar esta fecha: 25 de diciembre de 2024, estreno de Nosferatu de Robert Eggers (lo sé, súper satánico lo de estrenarla en Navidad, me flipa).

Ficha técnica

Título originalUniversal Monsters: Dracula
AutoresJames Tynion IV, Martin Simmonds
EditorialImage Comics
Fecha de publicaciónOctubre 2023

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