Balas de punta hueca

Marquinaverso como ejemplo del cómic isotónico

Últimamente, el mundo del entretenimiento está siendo saturado por un montón de productos que no puedo catalogar de otra forma más que intensos. Las películas han pasado de durar hora y media a dos y media o tres, pero no de pura diversión sino de lucimiento actoral y de dirección, olvidándose de la parte importante del medio. Me estoy cansando de planos eternos que no avanzan la historia, sino que forman parte de esta nueva “guerra de sables” entre directores para ver quien tiene la mejor fotografía, el protagonista con mejor cara de estreñimiento, el mejor juego de luces a lo Drive y un largo etcétera. Y no estoy diciendo que sean malas, solo digo que ¿dónde se quedó la parte de entretener al público? Actualmente, hay que estudiar un máster para entender los films de terror, y el éxito aplastante de la nueva entrega de Scream deja claro que, la gente a veces necesita poder desconectar el cerebro y ya está, sin necesidad de aprender nada nuevo, ni de que intenten cambiarnos la vida.

Empecé a darle vueltas a todo esto cuando mi compañero de trabajo me dijo que sus hijos disfrutan más de películas como Jungla de Cristal o Los Gremlins que de las actuales. Si lo pienso, nos han privado de este tipo de cine que iba dirigido a que el público tuviese su hora y media de desconexión, y como en todo, se necesita un equilibrio y tener la opción de poder consumir algo que se adecue mejor a cada momento de nuestra vida. A mí, personalmente, me encantan los libros, cómics y películas que me enseñan algo, pero vivo un momento en mi vida, en que ya tengo demasiado drama y necesito poder huir de ello y por eso, estaré siempre agradecida a esos productos isotónicos (término acuñado por mi tan amado Joe Runner).

Y os preguntareis que a viene todo esto, si se supone que debería estar hablando de lo nuevo de Javier Marquina, UVE y Ruth O´leary. Esta reflexión viene desencadenada porque a veces se emplea para criticar al escritor oscense el hecho de sus historias son siempre macarradas violentas, y tengo que decir a esa gente un gran FUCK YOU! (siempre con todo el respeto y amor del que soy capaz). Balas de punta hueca es justo lo que necesitaba ahora mismo. Llevo una época en la que he leído varios cómics de Marquina y me ayudan a desconectar y olvidarme de mis problemas y eso, queridos amigos, es mágico.

Lo que más aprecio en Javier Marquina, es que le siento muy cercano. No deja de ser uno de nosotros, que se crio viendo los mismos dibujos, leyendo los mismos mangas y tebeos, y gozándoselo con las mismas películas. De este modo, en sus novelas gráficas siempre vuelca ese amor que tiene hacia todo con lo que ha crecido, y es algo que espero que jamás deje de hacer. En esta obra en concreto podréis encontrar referencias al Padrino, DC Comics, Kill Bill, Hellblazer, Hellboy, Evil Dead… Y paro porque si no podría llenar el cupo de palabras de la reseña.

Con cada nueva novela gráfica noto una evolución en la escritura del autor ya que, sin dejar de ser su estilo, ofrece ese punto extra que podemos ver en el cine de Tarantino. Aquellos que critican al director, sólo se centran en la cantidad de salsa de tomate que derrocha en sus filmes, pero aquellos que prestamos atención, sabemos que hay mucho más detrás de esos diálogos llenos de palabras malsonantes y escenas llenas de chorros de sangre. En Progenie, Marquina nos mostró una gran reflexión del mundo, pero en Balas de punta hueca ha optado por no dejar que sus pequeñas puyas la sociedad se vean tan claramente, aunque sin duda, podréis encontrar más de una. Además, el desarrollo de los personajes y las backstories de estos, están entretejidas a la perfección, mostrando un gran aprendizaje del guionista, de un producto a otro.

Así, nos muestra dos mercenarias que emplea como excusa para contar la historia de muchos otros personajes y ese entorno que quiere desarrollar. El gran carisma de ambas te atrapa y te ayuda a recorrer la trama. Me hubiese gustado que antes de leerla, me hubiesen advertido de que tomase una gran bocanada de aire, ya que he pasado conteniendo la respiración durante toda la obra, intrigada por el misterio que se esconde en el cómic y abofeteada por más de un plot twist imprevisible. Y sí, esta última parte quiero remarcarla porque sentí lo mismo que cuando vi por primera vez Pacific Rim y llegué a esa parte en la que pensé “¡Llevaba la espada todo el rato y ha usado un barco como arma hace un rato!”. Sí, es exactamente esa sensación de What the fuck que tanto me encanta. Y que yo compare algo con la película de Del Toro, es algo serio, ya que para mí su obra de mechas y kaijus es un 10 de 10.

Si la trama engancha, el dibujo y el color es de otro planeta. Llevo siguiendo a UVE durante años, admirando su destreza como tatuador, y en esta ocasión, me ha sorprendido su gran capacidad para la narración gráfica, convirtiendo una historia macarra, en una hecatombe de acción, desmembramientos y sangre. Destaca especialmente por el diseño de personajes ya que, con cada mercenario, cada mafioso que sale, te hace abrir más los ojos para observar cada detalle. Y como todo gran dibujo, debe acompañarse de un gran color. O´Leary usa el tipo de tonalidades saturadas que a mí me apasionan, convirtiendo un arte ya muy destacable, en una explosión de sensaciones.

Si con todo lo que os he contado, no os he convencido para que reservéis un ejemplar en la preventa que se inicia el 1 de abril por Grafito Editorial, yo ya no sé qué más hacer.

Ficha técnica

Título originalBalas de punta hueca
AutoresJavier Marquina, UVE, Ruth O´Leary
EditorialGrafito Editorial
Fecha de publicaciónAbril 2022

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