La Sangre de la Virgen

“Esto es lo que querías, ¿no?”

Parece que últimamente he encadenado unas cuantas lecturas que abordan temáticas similares: síndrome del impostor, frustraciones profesionales, y, en definitiva, la crisis existencial que atraviesas cuando dejas de ser “joven”. Ese choque de realidad que, creo, todos sufrimos cuando comprendes que tu trabajo, por más que fuese el trabajo de tus sueños, no es lo que te habían contado.

Algo que sería muchísimo más evidente si, además, ese trabajo soñado fuese en la industria cinematográfica. Seymour es un guionsita-montador-chico-para-todo de la Hollywood de los años 70 con aspiraciones a convertirse en lo que siempre ha soñado: director de cine. Entrando en sus 30, por fin se le presenta la oportunidad que llevaba años deseando, pero, como no podría ser de otra manera, este es un caramelo envenenado. Pues sólo llegará a dirigir una película casi descartada y a medio rodar en la que la productora ya ha superado el presupuesto límite. Un trabajo chapucero de combinar escenas ya rodadas dirigidas por distintas personas para intentar que al menos haya un producto final que haga recuperar parte de lo invertido.

Para colmo, la película, que lleva por título La Sangre de la Virgen, no es más que un largometraje de hombres lobo y monstruos al más puro estilo Serie B. Especialmente en los 70, este género, y el terror en general, se tenía como una categoría inferior de cine y nadie muestra el más mínimo respeto por la película que están tratando de hacer. Salvo Seymour, el sí es un conocedor y un verdadero amante del terror, y por más trabas que le pongan tratará de disfrutar y plasmar su visión artística en aquello que está haciendo.

Pero no por ello, su sueño dejará de tornarse en pesadilla. Pues quizá precisamente por este interés que sólo él muestra, el ya no tan joven director se enfrasca en su trabajo como vía de escape a sus problemas personales que, a raíz de esto, no harán si no acrecentarse. Un hijo recién nacido, una pareja que cada vez desea menos seguir a su lado y un ambiente laboral infernal en el que colegas, actores y superiores (productores y demás sanguijuelas) no irán sino perdiéndole el respeto y la poca admiración que pudieran sentir hacia Seymour.

Una de las claves de esta obra es el estilo tan directo, minimalista incluso, de Sammy Harkam. Un dibujo de línea limpia y un color monótono con apenas sombreado en el que por encima de todo prima la narración y la expresividad de los personajes. Esta ambientación te mete de llene en la casi desértica Los Ángeles de los años 70 y, el hecho de que en muchas viñetas los personajes queden reducidos a poco más que una expresión facial consigue que sientas las mismas frustraciones y ansiedades que atraviesa su protagonista.

Un estilo que rompe en algún capítulo a modo de interludio en el que nos recoge pequeños relatos de otros personajes que tendrán cierta implicación en la historia de Seymour. Aquí Harkam explora más con el color y la narración, en pequeños ejercicios que logran reforzar los sentimientos de miedo al fracaso, soledad y dolor sobre los que versa constantemente la obra.

En definitiva, La Sangre de la Virgen es una obra que nos habla de la crisis de identidad, la crisis laboral y familiar que se experimenta cuando empiezas a temer que tus mejores años ya han pasado y que, si no has logrado ya todo lo que te proponías de joven, es muy probable que ya nunca lo logres.

Ficha técnica

Título originalThe Blood of the Virgin
AutoresSammy Harkam
EditorialFulgencio Pimentel
Fecha de publicaciónAbril 2023

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