John Constantine: Hellblazer

Nuevos tiempos, nuevos problemas, mismo Constantine

Como ya conté en su momento, y no me cansaré de repetir, el poder leer una nueva historia de Hellblazer mes a mes, aún con los retrasos sufridos por aquello de tener que afrontar los momentos duros de la pandemia, supuso sin duda alguna mi mejor experiencia comiquera del pasado 2020. Realmente, creo que ha sido una de mis mejores experiencias como aficionado a los cómics en mucho tiempo, probablemente desde que leí el Thor de Jason Aaron. Y lo ha sido, no solo por el cariño especial que le tengo al personaje de John Constantine, el mago cabrón de Liverpool, sino porque no tardé muchos meses en darme cuenta de que estaba leyendo uno de los mejores cómics que se han hecho en DC (o en Marvel) en los últimos años.

A finales de 2019, a Simon Spurrier se le encomienda la nada sencilla tarea de traer a John Constantine hasta nuestros días, pero respetando el canon del personaje. Es decir, no puede renunciar a su pasado, a sus aventuras vividas durante los 70 y los 80, pero tampoco puede llegar a la actualidad siendo miembro de la tercera edad, por lo que Spurrier tiene que encontrar el equilibrio entre respetar la trayectoria del personaje y lograr que mantenga el interés de cara a su nueva andadura en 2020. Y la forma en la que lo hace, resolviéndolo sin darle más importancia de la que tiene, en apenas unas páginas, es absolutamente magnífica y es la primera muestra de la maestría que tiene el guionista inglés. Desviando el foco de atención de cómo ha llegado Constantine hasta aquí, para centrarlo en ver qué va a pasar una vez llegue. Y la respuesta es, lo de siempre: joderla.

Sin sus antiguos amigos, con su alma hipotecada y un cargo de conciencia que no hace sino ir en aumento, John Constantine se verá arrastrado a una vorágine de sucesos paranormales que pondrán en riesgo no solo su vida y el descanso eterno de su alma, sino también la de todos sus amigos y aliados: presentes y pasados (y probablemente futuros ya que estamos). Pues como buen capullo socio-dependiente que es, una de las primeras cosas que hará será rodearse de un nuevo séquito de secundarios a los que el guionista londinense dota de una personalidad y fuerza increíbles en apenas dos páginas.

Estos nuevos compañeros ayudarán al cabrón de Liverpool a enfrentarse a una serie de sucesos paranormales por todo Londres. Uno sucesos que están oscuramente conectados entre sí y cuyo desenlace final puede ser catastrófico para nuestro protagonista. Spurrier usa por tanto esta dinámica propia de un serial televisivo de los 80, ese monster of the week para hacer que la serie no baje el ritmo en ningún momento, estructurándola en torno a pequeños arcos de uno o dos números que van acercando a Constantine cada vez más al responsable de desatar todo este terror.

Pero esta estructura, este endiablado ritmo narrativo, es un arma de doble filo que Simon Spurrier empuña como pocos guionistas podrían. Pues además de para contar una historia interesante y que te mantiene pegado a la página en todo momento, le sirve para hacer un retrato de la sociedad actual, más concretamente de la sociedad británica, en el que no dejará títere con cabeza. Spurrier nos brinda 12 números plagados de una feroz crítica, tanto en palabras del propio Johnny-boy como en los sucesos en sí, en la que fundamentalmente se señala a las clases pudientes, en especial a la clase política y la familia real. Una crítica que, como digo, tiene el punto de vista puesto en la política, en el racismo, el antieuropeismo y en esta nueva vertiente ultraderechista que se está realzando en Inglaterra con nuevas fuerzas tras el éxito (al menos electoral) del Brexit.

Esta convergencia de una historia interesante, un buen cómic de terror y magia, que por momentos es más un thriller que otra cosa, con un mensaje y una crítica que sean relevantes, solo ha sido posible gracias al profundo amor que ha demostrado Spurrier por el personaje y por la serie original de Vertigo. Pues no solo respeta sus historias pasadas, cogiendo a un personaje que ya lo ha vivido todo y dándole una segunda juventud en las viñetas, sino que lo que crea a partir de él, de su relación con otros personajes o con la ciudad de Londres es al mismo tiempo continuista e innovador.

Pero lo que realmente falta en muchas historias de Constanine y lo que eleva a otras a ser las más destacadas o queridas por los fans es el dibujo. Y en esta ocasión Spurrier cuenta con un un apartado gráfico descomunal, a cargo de artistas tan diferentes como talentosos y cohesionado de forma magistral por el color de Jordie Bellaire.

Por un lado están los números dibujados por Aaron Campbell, quien sin ningún tipo de dudas es el mejor dibujante actual de terror, al menos en el panorama del mainstream americano. Su dibujo tiene muchas virtudes, a medio camino entre el mejor Sean Phillips y el Jock más sucio y oscuro, que Spurrier sabe explotar en beneficio de la narración y de su historia. Pero los pasajes puramente de terror, en los que hace ese esfuerzo extra, son una verdadera locura, no existe nada igual. Y por otro lado esta Matías Bergara, un suplente de excepción en cuyos números la calidad artística de la serie no baja ni un ápice y esto se debe a dos factores fundamentales.

Primeramente a la inteligencia de Spurrier como guionista (o puede que el mérito sea de Chris Conroy, el editor de la serie) en saber cuándo cuenta con cada uno de sus dibujantes y conocer perfectamente sus virtudes, preparando pasajes en los que más destaque el estilo de dibujo de cada uno. Pero el segundo factor quizá sea el más importante, ya que se trata del descomunal trabajo de Jordie Bellaire como colorista de esta serie. Pues si Spurrier sabe adaptar su historia a las necesidades de sus dibujantes, la adaptación que hace Bellaire como colorista es inconmensurable. Capaz de sacar a relucir los pasajes más sucios, sombríos y tenebrosos en esas páginas distorsionadas y caóticas de Campbell, a resaltar la belleza en la sencillez y los diseños de personajes de Bergara, que bien podrían aparecer en una revista de moda. De un estilo duro, de mucho contraste y mancha de negro en el primero, a una técnica digital que imita la acuarela para lo segundo. Jordie Bellaire sigue superándose a sí misma, con la versatilidad por bandera, demostrando una vez más por qué es la mejor colorista de la actualidad.

En definitiva, esta es una colección que reúne todo lo indispensable para ser un buen cómic de Hellblazer: humor negro, demonios, una dura crítica social y un cabronazo como protagonista. A los que además añade un apartado gráfico alucinante y la maestría de Simon Spurrier a los guiones, lo que la convierte en una etapa memorable dentro de la ya longeva bibliografía de John Constantine: The Hellblazer. Es una lástima que desde las oficinas de DC no hayan sabido valorar el diamante en bruto que tenían, o que no se hayan atrevido a darle continuidad a esta serie por su carácter tan irreverente. Yo sin duda echaré en falta el placer que me suponía poder leer un número de Hellblazer cada mes.

– Originalmente publicada en Zona Zhero –

Ficha técnica

Título originalThe Sandman Universe Presents: John Constantine Hellblazer
AutoresSimon Spurrier, Aaron Campbell, Matías Bergara, Jordie Bellaire, John Paul Leon
EditorialECC Editorial
Fecha de publicaciónJulio 2021

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