Frontier

No he intentado marcharme. Ni cambiarlo. Solo me quejaba y obedecía.

En el mundo del cómic y de sus autores siempre existe ese clic que te hace enamorarte de unas manos y una imaginación desbordantes. Donde sientes la necesidad de ir a la tienda en cuanto sacan algo nuevo porque sabes que, hagan lo que hagan, conseguirán que ese amor que sientes siga creciendo. Me pasó con Mike Allred y su Madman o Kevin Eastman y Peter Laird con mis queridas Tortugas Ninja, por ejemplo. Y aquí vuelve el joven Guillaume –¡No tiene ni 40 años aún!– que tras hacerme disfrutar con PTSD, se marca, ya de primeras, unas ocho páginas que son ese ejemplo de fuerza emocional que suele transmitir. Sólo ochos malditas páginas en forma de prólogo de la historia. Una sonrisa, unos ideales. Resumen: la humanidad nunca dejará de ser egoísta.

“un poco de inocencia y bondad no hacen daño. A veces, sentimientos tan sencillos nos ayudan a encontrar un camino»

Quizá no nos resulte tan ambiciosa como la ya mencionada PTSD, en el sentido de la intensidad emocional. No. No os voy a engañar, esta historia o, mejor dicho, estas tres historias se cruzan con diálogos sobre nuestra misión en la vida como raza humana. Sobre la duda existencial de si hacemos el bien o no a nuestro alrededor y en, sobre todo, la dudosa moralidad egoísta que es intrínseca a nosotros. Ji-soo, Álex y Camina nos regalan tres puntos de vista llenos de añoranza y miedo. Mucho miedo. Tan diferentes y tan iguales entre sí que forman una visión única de lo que somos. De lo que queremos ser.

Una esperanza plena y agónica, un último amarre al que agarrarse para sentirte persona, y todo ese reparto emocional fluye ante nuestros ojos porque si Singelin tiene una gran virtud, es que sabe narrar sin diálogos a muchos niveles. Ya que no son pocas las viñetas, y páginas enteras, exentas de palabras, donde nos cuenta tanto que fortalecen esos mismos diálogos, tan importantes y vitales tanto para la propia historia como para el poso que acabará dejando en el lector. Toda una ausencia tan llena de presencia. Y por eso este genial autor es tan bueno –no, no me cansaré de elogiarlo–.

«todos hacemos la vista gorda frente al miedo de perder lo que tenemos… y, a veces, nos conformamos con lo peor»

Lo de Singelin sigue siendo un prodigio. Tiene una forma constructiva de crear universos y personajes, donde las viñetas, sin ser complicadas, están llenas de detalles. Un estilo de personajes que roza el dibujo animado, lo chibi, pero que no resta ni un ápice de la importancia de lo que nos quiere contar. Si en PTSD nos creó un mundo decadente y peligroso con calles llenas de basura, callejones a media luz y edificios eclécticos y llenos de detalles –imposible no acordarse del sensei Otomo– aquí lo espacial se apodera de todo manteniendo ese halo de magnificencia artística en todo lo que vemos.

Color y dibujo, no es que vayan de la mano, es que hacen el amor en cada página. Es una eterna puesta de sol preciosa en sombras y luces. Definitivamente el artista francés ha conseguido que quiera tener en mi estantería todo lo que publique hasta el fin de los días porque consigue removerme por dentro, hacerme pensar. Dejar una semillita del tamaño de los atributos de Godzilla, y todo con ese dibujo tan bonito y plagado de detalles que se convierte en toda una experiencia sensorial.

Lo podría decir más alto pero voy a desterrar sinónimos rimbombantes y de escritor fetén. Frontier es un señor cómic que aúna todo lo bueno que podamos imaginar y lo consigue sin problemas. Una historia que reúne todas las virtudes de PTSD y las traslada al espacio conquistado y a unos personajes que buscan su lugar en el mundo y en sí mismos. Sin ser una obra de diez casi lo parece y eso, amigos, tiene mucho más mérito si cabe.

Ficha técnica

Título originalFrontier
AutoresGuillaume Singelin
EditorialGrafito Editorial
Fecha de publicaciónFebrero 2024

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